Durante la reciente reunión inaugural de Women20 (W20) en Sudáfrica, un panel significativo se centró en el potencial aún no plenamente aprovechado de las mujeres que habitan en zonas rurales para fortalecer la resiliencia frente al cambio climático, garantizar la seguridad alimentaria y liderar la transformación digital. Esta sesión congregó a destacadas figuras a nivel global, incluyendo responsables de políticas, expertos académicos, ejecutivos empresariales y representantes de la sociedad civil, con el fin de subrayar el papel fundamental que desempeñan las mujeres rurales en la construcción de un porvenir más resiliente, inclusivo y sostenible. El debate exploró cómo estas mujeres son agentes clave para impulsar soluciones innovadoras en la gestión del entorno, la generación de oportunidades económicas y la adopción de tecnologías digitales.

En un contexto marcado por la intensificación de la crisis climática y las crecientes presiones sobre los sistemas de producción y distribución de alimentos, las comunidades rurales, y en particular las mujeres, se encuentran en la vanguardia de los impactos. La discusión abordó de qué manera la mejora de las capacidades digitales, la ampliación de la inclusión financiera y el acceso a los mercados de carbono pueden ser catalizadores para convertir los territorios rurales en centros de resiliencia climática y crecimiento económico sostenible. Estas áreas, ricas en biodiversidad y con un vasto potencial para la conservación, ofrecen un valor considerable para los mercados globales de compensación de emisiones. Sin embargo, para materializar este potencial es indispensable una inversión estratégica en infraestructura digital y en el desarrollo de habilidades que prioricen el liderazgo y la capacidad de acción de las mujeres.

Se enfatizó la urgencia de conectar a las mujeres rurales, no solo para asegurar su participación activa en las economías digitales emergentes, sino también para posicionarlas como líderes en la implementación de estrategias adaptadas al clima. Desde el perfeccionamiento de los métodos de producción de alimentos hasta la facilitación del acceso a nuevos mercados, como los créditos de carbono basados en la naturaleza, los panelistas examinaron cómo la convergencia entre la tecnología y las políticas públicas puede potenciar a gran escala a las microempresas y a las pequeñas y medianas empresas (PYME) dirigidas por mujeres.

La sesión fue moderada por Fabiana Menna, antropóloga, delegada argentina ante el W20, consultora internacional en género y política climática, y presidenta de la Fundación Gran Chaco y de la Red Mujeres Rurales. El panel contó con la participación de voces diversas provenientes de todos los países miembros del G20.

Un ejemplo concreto que ilustra este potencial se encuentra en la Región del Gran Chaco. Allí, la plataforma de colaboración público-privada Redes Chaco, que trabaja conjuntamente con empresas tecnológicas líderes como Microsoft y Google, así como con organismos internacionales como la Unión Europea y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), está impulsando un proceso de transformación digital liderado por mujeres rurales. Esta iniciativa ha logrado un impacto positivo en la vida de aproximadamente 150,000 personas y contribuye a la gestión sostenible de tres millones de hectáreas de bosques nativos.

Este modelo regional demuestra cómo la combinación de tecnología e inclusión social puede fortalecer la capacidad de adaptación al clima. Esto se consigue mediante la expansión de cadenas de producción sostenibles encabezadas por mujeres y la implementación de soluciones prácticas, tales como sistemas de alerta temprana para inundaciones y mecanismos para la generación de créditos de carbono, promovidos a través de iniciativas específicas. Al reflexionar sobre el principio de Ubuntu, que destaca la interconexión y la humanidad compartida, se señaló la necesidad de que las naciones colaboren estrechamente. Se afirmó que es el momento de invocar la esencia de Ubuntu y nuestra humanidad colectiva para abordar la pobreza generalizada y el subdesarrollo, reconociendo la promesa significativa que la plena participación de las mujeres ofrece al mundo

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