Un proyecto innovador con el potencial de transformar la comunicación para la comunidad sorda en Bolivia está siendo desarrollado por Ciro Alejandro Zeballos, un ingeniero mecatrónico de 28 años originario de Tarija. Su iniciativa se centra en la creación de un dispositivo capaz de traducir el lenguaje de señas a comunicación oral, buscando fomentar una mayor inclusión social.

El funcionamiento del sistema se basa en la captura del movimiento. Mediante un conjunto de 18 sensores distribuidos estratégicamente en las manos y brazos, el aparato registra los gestos y los impulsos eléctricos generados por la actividad muscular. Esta información es procesada para identificar las señas y convertirlas en palabras habladas. Por ejemplo, un gesto específico que implica colocar la mano abierta cerca del mentón y moverla hacia adelante es reconocido y vocalizado como gracias, facilitando así la interacción con personas oyentes.

La inspiración para este desarrollo surgió de una experiencia personal de Zeballos. Durante sus estudios universitarios, participó en un programa de voluntariado enfocado en apoyar a personas sordas. Esta convivencia le permitió observar de cerca las significativas barreras de comunicación existentes y la notoria brecha que limita la plena integración de la comunidad sorda en entornos predominantemente oyentes. Constató la tendencia de las personas sordas a agruparse en comunidades donde el lenguaje de señas es el medio principal, debido a la dificultad y la falta de comprensión que a menudo enfrentan al intentar interactuar fuera de estos grupos. Esta realidad, sumada a la conciencia sobre las familias con recursos económicos limitados que no pueden acceder a instituciones privadas especializadas, reforzó su determinación de crear una herramienta tecnológica accesible para todos. A través de esta inmersión, también aprendió la importancia de la empatía en la comunicación, como mantener contacto visual y prestar atención a gestos y movimientos labiales al interactuar con alguien que no puede hablar.

Según datos del último censo de 2012, Bolivia cuenta con más de 50,000 personas sordas. A nivel mundial, aproximadamente el 5% de la población tiene algún grado de sordera. Zeballos confía en que su esfuerzo habrá valido la pena si logra mejorar la vida de una parte significativa de esta comunidad, facilitando su integración en la sociedad.

El camino hacia la materialización del proyecto ha sido un proceso evolutivo. La idea inicial tomó forma en 2019, aunque la falta de recursos financieros estuvo a punto de detenerla. Un impulso crucial llegó cuando Zeballos obtuvo el tercer lugar en la versión boliviana de Falling Walls Lab, una competencia internacional que promueve ideas innovadoras. Este reconocimiento validó el potencial de su invento y le proporcionó la motivación necesaria para seguir adelante. La universidad, tras este logro, decidió apoyar económicamente el proyecto, aportando 1,500 dólares que permitieron construir el primer prototipo.

Ese primer modelo era más rudimentario, con una compleja red de cables en manos, brazos y un dispositivo pectoral que contenía la electrónica principal. El diseño actual, el segundo prototipo, busca ser mucho más funcional, discreto y portátil, eliminando la necesidad de tantos cables voluminosos y optando por soluciones más cómodas como anillos y dedales con sensores. La comodidad y la libertad de movimiento del usuario han sido consideraciones clave en esta nueva fase de diseño. Sin embargo, el desarrollo de esta versión mejorada enfrenta nuevamente el desafío de la financiación, agravado por la pandemia que ralentizó tanto el progreso técnico como la búsqueda de apoyo económico.

Zeballos explica que el dispositivo captura los movimientos musculares mediante sensores que detectan impulsos eléctricos. A diferencia del primer prototipo, que describe como una especie de armadura, la versión actual es más simplificada y busca pasar desapercibida sin sacrificar su capacidad de traducción.

La principal piedra en el camino sigue siendo la falta de recursos económicos para adquirir los componentes necesarios, muchos de los cuales deben ser importados y cuyos precios se han incrementado. Zeballos estima que, con la financiación adecuada, podría tener el segundo prototipo listo en aproximadamente un año y medio, y en seis meses adicionales podría desarrollar un proyecto comercial viable. Lamentablemente, el apoyo a la innovación en Bolivia no ha sido el esperado, lo que lo ha llevado a considerar la posibilidad de trasladarse a países vecinos como Argentina o Chile, donde percibe mejores condiciones para el desarrollo tecnológico, una situación que compara con la de deportistas que deben representar a otras naciones por falta de soporte local.

Actualmente, Ciro Alejandro Zeballos Claure, de 28 años, se desempeña como jefe del Laboratorio Digital del Gobierno Municipal de Tarija, con el objetivo de certificarlo como un FabLab internacional. Su trayectoria como ingeniero mecatrónico lo ha impulsado constantemente a crear y resolver problemas a través de inventos. Sin embargo, su proyecto de traducción de lenguaje de señas, a pesar de su enorme potencial para cambiar la vida de la comunidad sorda y facilitar su integración, lleva casi cinco años estancado por la falta de financiación sostenida.

La evolución del prototipo, desde un aparato cableado y voluminoso hasta un diseño más simplificado y portátil, busca maximizar la comodidad y la libertad del usuario. La pandemia, además de los desafíos financieros, ha sido otro factor que ha retrasado el proceso. Zeballos señala la ausencia de políticas de fomento a la innovación y el emprendimiento como un obstáculo significativo para sacar adelante proyectos de este tipo en Bolivia.

Actualmente, se concentra en perfeccionar el hardware para lograr una transmisión de datos inalámbrica más eficiente y está adquiriendo equipos para una segunda mano prototipo que sea menos intrusiva. El siguiente paso fundamental es llevar a cabo una recolección masiva de datos del lenguaje de señas boliviano directamente de la comunidad sorda. Este mapeo a nivel nacional es indispensable para lograr un dispositivo con un alcance y una precisión significativos.

Zeballos calcula que, si contara con los recursos, el desarrollo podría haberse completado en tan solo seis meses. Sin embargo, al ser el único financiador del proyecto, debe buscar ingresos a través de otros trabajos para poder continuar, un esfuerzo que realiza intentando mantener el ánimo. Mientras que el primer prototipo requirió 1,500 dólares, estima que para el segundo necesitaría alrededor de Bs 7,000 por unidad. Para realizar el mapeo nacional y validar el prototipo, requeriría una decena de unidades, lo que sumaría unos Bs 90,000. Además, los servicios en línea necesarios para una etapa crucial del dispositivo podrían ascender a otros Bs 200,000 antes de poder considerar una producción a gran escala y accesible

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