La reciente victoria presidencial ha reconfigurado el panorama político nacional, trayendo consigo una serie de figuras clave cuya influencia será determinante en la próxima administración. Entre ellas, destaca un nombre que ha sido fundamental en la campaña y en la gestión previa: Diego Ávila Navajas.

Reconocido como el artífice de la administración municipal anterior y un leal defensor del presidente electo durante los periodos más desafiantes, Ávila Navajas ha dado un paso al frente. Ha aceptado la candidatura al Senado como primera opción del Partido Demócrata Cristiano (PDC) por Tarija, una decisión notable al no designar siquiera un suplente. Su trayectoria en la función pública es extensa y consolidada; colaboró con Mario Cossío en la Gobernación, trabajó junto a Óscar Montes en la Alcaldía de Cercado, y ascendió a la posición de poderoso secretario ejecutivo durante la gestión del presidente electo. En ese rol, asumió la responsabilidad del día a día, permitiendo al entonces alcalde enfocarse en una visión más amplia, y entregó una gestión impecable, libre de controversias contables.

Hijo del eminente historiador boliviano Edgar Ávila Echazú y hermano del exalcalde de San Lorenzo, Miguel Ávila Navajas, Diego Ávila Navajas transita ahora de un rol estratégico en la retaguardia a la primera línea política. Su capacidad para generar consensos y su compromiso con la transparencia financiera lo posicionan como un fuerte candidato para presidir el Senado. Su relación de confianza absoluta con el presidente electo facilitará, además, una comunicación fluida entre el vicepresidente, Edman Lara, quien también será presidente nato de la Asamblea Legislativa Plurinacional, y la Presidencia.

La composición de la Asamblea Plurinacional, que en breve asumirá sus funciones, se presenta diversa y sin mayorías claras. En el Senado, de un total de 36 escaños, el Partido Demócrata Cristiano ostenta 16, el movimiento Libre 12, la fuerza Unidad de Samuel Doria Medina 7, y Súmate de Manfred Reyes Villa, 1. Para alcanzar los dos tercios necesarios en esta cámara, será indispensable un acuerdo entre Libre y el PDC, o bien la unión de todas las demás fuerzas excluyendo a Libre.

El escenario en la Cámara de Diputados, con 130 escaños, es aún más fragmentado. El PDC cuenta con 49 diputados, Libre con 39, Unidad con 26, Alianza Popular de Andrónico Rodríguez con 9, Súmate con 5, el Mas con 2, y la agrupación indígena BIA – YUQUI con 1. Para lograr una supermayoría de dos tercios en la Asamblea, que suma 166 curules, se requerirían 111 votos. Una alianza entre el PDC y Libre sumaría 116 escaños, superando cómodamente este umbral. Alternativamente, la suma del resto de las fuerzas sin Libre alcanzaría 115 votos, lo que permitiría, por ejemplo, prescindir del apoyo de partidos como el MAS o Bia Yuqui, aunque no de Alianza Popular o Súmate.

A diferencia de presidentes anteriores que llegaron al poder con un sólido núcleo de apoyo, la administración entrante se perfila con un equipo de confianza más compacto. Mientras figuras como Gonzalo Sánchez de Lozada contaron con el respaldo de un vasto sector de su partido, o Evo Morales construyó un equipo de asesores robusto entre 2002 y 2005, el círculo cercano del presidente electo es más reducido y, en parte, se nutrirá de la experiencia de colaboradores provenientes de las filas de Samuel Doria Medina.

El presidente electo cuenta con un grupo leal que lo acompañó hasta el final de su gestión en Tarija, incluyendo a Gabriela Pacello, Fernando Trigo, Germán Hoyos e Ichazo, entre otros exfuncionarios. De la antigua guardia del mirismo, donde aún resplandece la sagacidad política de su padre, Jaime Paz Zamora, y con Óscar Eid mostrando poca inclinación a un rol activo, quedan pocos. Se mencionan los Liebers —con Karina como primera diputada por Tarija, electa bajo la bandera de Samuel Doria Medina—, los Vaca Navajas y algunas ramas de las familias Paz y Zamora. También se sumó Jofré, un prominente empresario de la era del MIR, quien regresó para ofrecer su apoyo en la segunda vuelta. La incorporación de José Luis Lupo en la fase final de la campaña y de Gabriel Espinoza tras los resultados de la primera vuelta, marcan las primeras señales de una reconfiguración de cuadros de élite, vinculados a la trayectoria política del presidente electo.

Con más de dos semanas por delante para la conformación de las directivas y la designación del gabinete, las expectativas y las especulaciones sobre los futuros nombramientos ya han comenzado.

Más allá de las tensiones propias de la contienda electoral, se anticipa que la próxima legislatura se caracterizará por la búsqueda de amplios acuerdos entre las principales fuerzas: el PDC, Libre y Unidad. Sus plataformas programáticas, especialmente en materia económica, no difieren sustancialmente, más allá de los volúmenes de financiación requeridos y la gestión específica de la eliminación de subsidios a los carburantes, aspectos que son susceptibles de negociación. Además, el PDC, al ser el partido con mayor cercanía a los movimientos sociales, tendrá la doble responsabilidad de gobernar y de forjar consensos con los representantes populares para asegurar la estabilidad y evitar conflictos

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