La administración actual ha reiterado que la superación de los desafíos económicos que enfrenta la nación depende fundamentalmente de la aprobación de financiamiento externo. Esta perspectiva fue articulada recientemente por el jefe de Estado durante un encuentro con autoridades municipales de La Paz, donde subrayó la necesidad de desbloquear créditos que, según su análisis, han sido obstaculizados por la Asamblea Legislativa. En este contexto, se observó que el presidente electo ha buscado activamente apoyo financiero de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento, así como de diversas naciones, lo cual el mandatario saliente interpretó como una validación de su propio argumento sobre la imperatividad de estos recursos.
En efecto, el presidente electo, durante sus gestiones internacionales, logró asegurar un compromiso de 3.100 millones de dólares por parte de la CAF, con un desembolso inicial de 465 millones de dólares previsto en un plazo de treinta días. Paralelamente, en el ámbito legislativo boliviano, ambas cámaras aprobaron conjuntamente créditos que superan los 1.000 millones de dólares antes de la conclusión de sus respectivos periodos de sesiones.
El presidente en ejercicio ha sugerido que las acciones legislativas que considera deliberadas se intensificaron precisamente cuando el país comenzaba a mostrar signos de recuperación de la crisis económica, exacerbada por la pandemia de COVID-19 y la gestión gubernamental anterior. Argumentó que la mejora económica desató una serie de reacciones adversas, ya que el modelo económico implementado, que había demostrado eficacia incluso en circunstancias difíciles, generaba inquietud en ciertos sectores. Sin embargo, en sus declaraciones, el mandatario no abordó su propio papel en la configuración de corrientes políticas internas que contribuyeron a la fragmentación de la bancada parlamentaria.
En cuanto al legado de su gestión, el gobierno saliente destaca la consolidación de una agenda industrial, materializada en la inauguración de diversas plantas productivas. No obstante, el futuro de algunas de estas instalaciones es incierto, dado que la administración entrante ha manifestado su intención de clausurar aquellas fábricas que resulten deficitarias.
El presidente expresó su satisfacción con los logros alcanzados hasta el momento, afirmando que los objetivos de sus opositores, tanto el desgaste del modelo económico como la interrupción de su mandato antes de los cinco años previstos, no se concretaron. Su periodo concluye el próximo 8 de noviembre con la toma de posesión de los nuevos dignatarios, Rodrigo Paz y Edmand Lara
