En la cúpula del antiguo Palacio Legislativo, el dispositivo que marcaba el tiempo ha sido ajustado para girar en el sentido convencional, concluyendo así un ciclo de once años durante el cual sus manecillas se movían en dirección contraria a la habitual. Esta particularidad, conocida como el “reloj del Sur”, fue una iniciativa impulsada en 2014 por David Choquehuanca, quien entonces ejercía como canciller de Bolivia.

Choquehuanca justificó la orientación antihoraria del reloj argumentando que se alineaba con una cosmovisión ancestral y con la ubicación geográfica del país en el hemisferio sur. Según su perspectiva, los relojes en el sur deberían emular el movimiento del reloj solar natural, que gira hacia la izquierda, y era fundamental que la sociedad tomara conciencia de esta particularidad meridional.

La controversia en torno a este símbolo resurgió recientemente, particularmente después de que la oficina del presidente electo optara por restablecer el escudo nacional en los comunicados oficiales, lo que reavivó el debate sobre los emblemas nacionales. Varios diputados de la oposición, en particular del Partido Demócrata Cristiano, expresaron su desaprobación hacia la configuración anterior del reloj, calificándola como un signo de retroceso.

Un legislador manifestó que la inversión del reloj simbolizaba un movimiento hacia atrás en lugar de un avance, enfatizando la necesidad de corregir el rumbo y construir un futuro sin divisiones, atribuyendo al anterior gobierno la invención de símbolos con fines divisivos. Otra voz parlamentaria subrayó que el reloj debía cumplir su función primordial de marcar la hora, despojándose de cualquier carga ideológica para asegurar el funcionamiento adecuado de las instituciones. Un tercer diputado declaró que el período de simbolismos que evocaban un retroceso había terminado, prometiendo señales claras de progreso antes de la asunción presidencial.

La determinación de restaurar el funcionamiento tradicional del reloj, tal como operaba hace más de una década, se implementó a escasos dos días de la toma de posesión de Rodrigo Paz como presidente. Este cambio de mando marca el fin de casi dos décadas de administración del Movimiento Al Socialismo.

Desde una perspectiva histórica, Pedro Portugal ha interpretado el reloj invertido como la expresión más elocuente de una corriente de pensamiento que, a su juicio, gobernó Bolivia sin generar resultados concretos, limitándose a pequeñas excentricidades y gestos espectaculares. Portugal sugirió que la administración anterior capitalizó una cierta expectativa internacional sobre Bolivia. Según su análisis, figuras como Evo Morales y David Choquehuanca buscaron proyectar al mundo una visión indígena diferente, proponiendo una organización social y vital distinta a la occidental. No obstante, el historiador sostiene que los simbolismos adoptados fueron más bien ideas políticas y representaciones escénicas que acciones con un impacto real en la vida cotidiana de las poblaciones indígenas.

Portugal criticó que Bolivia atravesó un período de exotismo que no produjo efecto alguno, ni siquiera entre las comunidades indígenas, y que careció de repercusiones económicas, políticas o sociales tangibles. Lamentó que en este tiempo se dilapidara la oportunidad de un auténtico empoderamiento indígena, argumentando que este se logra a través de principios universales y no mediante supuestos exotismos o nociones de otredad

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