La Paz amaneció bajo una lluvia persistente, que no mermó la expectación que rodeaba la Plaza Murillo, epicentro de la jornada histórica para Bolivia. Desde primeras horas, las delegaciones internacionales y los invitados especiales comenzaron a converger en el hemiciclo legislativo, mientras los símbolos constitucionales del poder, la medalla de Bolívar y la banda presidencial, eran trasladados con solemnidad. Entre los dignatarios que arribaron a la sede de gobierno se encontraban presidentes de la región, como Gabriel Boric de Chile, Santiago Peña de Paraguay, y Javier Milei de Argentina, este último el último en llegar al aeropuerto de El Alto. La presencia de la expresidenta Jeanine Áñez, liberada recientemente, fue recibida con aplausos por la multitud.
La sesión inaugural de la Asamblea Legislativa Plurinacional dio inicio con la bienvenida del presidente del Senado, Diego Ávila. Tras la lectura de los artículos constitucionales pertinentes y la resolución del Tribunal Supremo Electoral que validaba los resultados, Edmand Lara, ataviado con el traje de gala policial, ingresó al hemiciclo para jurar como vicepresidente. En su primer discurso oficial, Lara dedicó un minuto de silencio a quienes sacrificaron su vida por la libertad y la democracia, visiblemente emocionado. Extendió un reconocimiento a las organizaciones sociales, enfatizando su respeto y admiración por su papel fundamental en la nación, y dirigió una crítica al presidente saliente.
Posteriormente, Rodrigo Paz Pereira hizo su entrada al edificio legislativo, recibido con vítores mientras recorría la Plaza Murillo. Ante la Asamblea, prestó juramento como presidente constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia, pronunciando un solemne Dios, familia y patria, sí, juro.
Su primer discurso como mandatario inició con una reflexión sobre la lluvia, interpretándola como una bendición purificadora de la Pachamama. Paz agradeció la presencia de los líderes internacionales y rememoró su infancia en el exilio en países vecinos. Con profunda emoción, rindió homenaje a su familia y a su departamento natal, Tarija.
El presidente Paz delineó una visión de unidad para Bolivia, destacando su riqueza mestiza, presente en cada ciudadano que contribuye al país. Subrayó la importancia de no olvidar la historia, mencionando a figuras emblemáticas como Tupac Katari, Zárate Wilca, Juana Azurduy de Padilla, Murillo, Moto Méndez y Cañoto.
En un tono enérgico, el nuevo mandatario afirmó que el país se encuentra en una de las coyunturas más difíciles de las últimas cuatro décadas, con una economía quebrada y un monstruo burocrático. Cuestionó la gestión de los recursos naturales, interpelando sobre el destino de las reservas de gas y litio, lo que provocó una ovación. Prometió poner fin al estado tranca, caracterizado por el racismo y las ideologías que, según él, no contribuyen al bienestar de la población.
Entre sus compromisos, Rodrigo Paz anunció una reforma profunda del Estado, incluyendo la reducción de ministerios para redirigir fondos hacia escuelas y hospitales. Aseguró haber tomado medidas inmediatas para resolver la escasez de combustible, advirtiendo a YPFB y la ANH sobre la necesidad de un servicio eficiente. Expresó su sueño de una Bolivia federal, fundamentada en el fortalecimiento de las autonomías y un pacto fiscal, extendiendo una mano a la oposición para construir una democracia plural.
El presidente también hizo un llamado a la dignidad y la justicia, advirtiendo con firmeza que aquellos que incurran en actos de corrupción enfrentarán las consecuencias legales. Proyectó una Bolivia Verde como un concepto integrador con el medioambiente y apostó por la innovación tecnológica, comprometiéndose a crear oportunidades para que la juventud permanezca en el país. Concluyó su discurso con un mensaje de esperanza y resiliencia, afirmando que Bolivia saldrá fortalecida de la crisis.
Tras su alocución, el presidente Paz pasó revista a los Colorados de Bolivia y se dirigió a la Catedral de La Paz. Allí, el obispo emérito Jesús Juárez ofició una bendición religiosa, deseando que el símbolo del poder no solo represente la autoridad humana, sino también la liberación, la fortaleza y la sabiduría para guiar a la nación hacia la prosperidad, la paz y la reconciliación. Posteriormente, el mandatario recibió el bastón de mando de la Policía Boliviana y, de manos de representantes del altiplano y el oriente, los bastones de mando tradicionales de los pueblos indígenas.
La jornada culminó con la entrada de Rodrigo Paz y Edmand Lara al Palacio Quemado para un brindis de honor. Posteriormente, se llevó a cabo la fotografía oficial con los jefes de Estado invitados y un almuerzo protocolar ofrecido por el flamante presidente. La agenda oficial preveía encuentros bilaterales antes de que el mandatario se dirigiera al balcón presidencial para saludar a la ciudadanía.
Diversas personalidades políticas expresaron sus perspectivas sobre el nuevo gobierno. El expresidente Eduardo Rodríguez Beltzé enfatizó la importancia de la elección de los magistrados faltantes como una tarea primordial en el ámbito de la justicia. Carlos Mesa se sumó al llamado por una rendición de cuentas necesaria ante las denuncias de corrupción de la administración saliente. Por su parte, Manfred Reyes Villa, alcalde de Cochabamba, respaldó el mensaje presidencial sobre el federalismo, asegurando que ningún municipio se verá en desventaja. Branko Marinkovic, asambleísta, elogió el discurso de Paz y anticipó auditorías en los sectores de hidrocarburos y litio, con el objetivo de recuperar lo que fue sustraído
