El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, asumió formalmente su mandato en una ceremonia celebrada en el hemiciclo de la Asamblea Legislativa Plurinacional en La Paz, cerca del mediodía del sábado. Su discurso inaugural, que se extendió por poco más de media hora, delineó la dirección que su administración tomará durante los próximos cinco años, desde 2025 hasta 2030, y articuló una renovada visión para el país.
Al inicio de su alocución, el mandatario hizo una pausa para reconocer la copiosa lluvia matutina en la sede de Gobierno, interpretándola como una bendición de la Pachamama. Posteriormente, extendió su agradecimiento a su vicepresidente, Edmand Lara, con quien compartió la campaña electoral, y dedicó palabras emotivas a su familia, mencionando a su esposa, Bibi, y a sus hijos. Asimismo, envió un saludo especial a Tarija y a todos los departamentos del país. El presidente también rindió homenaje a sus padres, dirigiéndose a ellos con afecto y provocando una ovación del público al mencionar a su padre.
Con una postura firme, Paz Pereira proclamó el inicio de una nueva fase para la nación. Enfatizó que su quinquenio sería de servicio, no de poder, rechazando la idea de haber recibido un trono. Subrayó su intención de reintegrar a Bolivia en la esfera global, buscando restaurar la reputación del pasaporte boliviano como un símbolo de respeto y no de desconfianza.
A lo largo de su intervención, el presidente reiteró su compromiso con los principios de libertad y justicia, aunque advirtió que la libertad conlleva responsabilidad. Declaró categóricamente que nadie, sin excepción, está por encima de la ley o de la patria.
Un segmento significativo de su discurso estuvo dedicado a una crítica directa a las administraciones de los dos expresidentes anteriores, Evo Morales y Luis Arce Catacora, quienes gobernaron durante las últimas dos décadas. El presidente Paz Pereira los acusó de traición y cuestionó el manejo de la riqueza nacional, interpelando sobre el paradero de recursos estratégicos como el litio y el gas.
En línea con sus promesas de campaña, el mandatario reafirmó su determinación de combatir la corrupción y optimizar el aparato estatal. Advirtió que aquellos que abusen de sus cargos enfrentarán la justicia, y prometió una reestructuración gubernamental que incluirá el cierre y la auditoría de ministerios, con el objetivo de que el Estado sirva eficientemente a la ciudadanía.
Un momento particularmente resonante fue su llamado a la juventud boliviana, instándolos a permanecer en el país con la promesa de mejores oportunidades laborales. Expresó su convicción de que ha llegado el momento de depositar fe en Bolivia, especialmente para las nuevas generaciones.
El presidente también destacó la relevancia de la identidad nacional y el respeto por los símbolos patrios, como la tricolor y el escudo. Concluyó su discurso resaltando la importancia de la fe, la familia y el respeto, lo que fue recibido con un aplauso unánime. Finalmente, prometió que, con trabajo, honestidad y la guía divina, el país superaría sus desafíos, e invocó bendiciones para la nación, declarando su intención de levantar a Bolivia
