Bolivia ha presenciado un significativo retorno a la tradición con la reintroducción de la figura de la Primera Dama, un rol asumido por Bibi Urquidi tras dos décadas de ausencia en el panorama político nacional. En la trascendental jornada de investidura del presidente Rodrigo Paz Pereira, la reconocida firma boliviana Diabla fue la encargada de concebir el atuendo de la nueva Primera Dama.
Conocida por su predilección por la marca en eventos de relevancia, la señora Urquidi lució una pieza confeccionada a medida que encapsuló la filosofía de Diabla: una síntesis de sofisticación, identidad cultural y arte genuinamente boliviano. El diseño central, en un sutil tono perla, fue seleccionado por su profundo simbolismo, evocando la luminosidad, la pureza y el inicio de un capítulo renovado para Bolivia. Esta creación fue el resultado de una inspirada colaboración entre el equipo de diseño de Diabla y las hermanas Urquidi —Karla, Any y Paola— quienes aportaron su visión conjunta para una ocasión de tan alta significación.
La indumentaria se complementó con una capa, cuyo reverso fue meticulosamente bordado a mano con hilos de seda, delineando la Cruz Andina, un ancestral emblema de equilibrio y armonía. En su interior, se incorporaron monedas antiguas acuñadas en Potosí, un gesto que rinde homenaje a la vasta historia y a la aspiración de prosperidad de la nación.
Desde la perspectiva de la casa de moda, esta confección simboliza una conexión intrínseca entre el legado histórico y el presente, proyectando un mensaje de avance para Bolivia cimentado en la identidad, la esperanza y la cohesión. La firma manifestó su profundo orgullo por vestir a la Primera Dama en este nuevo amanecer, destacando el esfuerzo colectivo y la dedicación que subyacen en cada elemento. Se enfatiza que cada puntada, cada hilo y cada elección creativa reflejan el amor y el compromiso de incontables manos que conciben el arte como un poderoso narrador de la historia de un país. Para Diabla, la distinción de vestir a la Primera Dama en este hito histórico representa más que un encargo; es un símbolo de esperanza y orgullo nacional. Este acontecimiento reafirma su compromiso inquebrantable con la creación de piezas que no solo visten, sino que también transmiten la esencia, la fortaleza y la belleza intrínseca de Bolivia
