El panorama económico boliviano revela un crecimiento significativo de su endeudamiento. En las últimas dos décadas, la deuda externa del país ha experimentado un incremento del 311%, superando los 13 mil millones de dólares para el año 2024. Este monto representa el 23% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional. Sin embargo, la mayor preocupación reside en la deuda interna, que duplica con creces la externa. Al sumar ambos componentes, el nivel de endeudamiento total excede el 90% del PIB.
Esta situación se alinea con las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), que estima que la deuda bruta del gobierno nacional para la gestión actual se aproximará al 94% del PIB, una cifra que genera inquietud al compararla con datos de periodos anteriores. Se observa que en el pasado no existía la misma presión para incurrir en gastos que, en retrospectiva, han sostenido un modelo económico de elevado costo y baja productividad.
Como consecuencia de este modelo, el país ha enfrentado un déficit crónico, tanto monetario como fiscal. Las reservas internacionales netas se encuentran en un nivel crítico; los datos de octubre indican que apenas cubren el equivalente a 12 días de importación de carburantes. De manera similar, las reservas de oro han disminuido drásticamente, con más del 50% monetizado para financiar la importación de combustibles y el servicio de la deuda.
La economía nacional atraviesa un momento de considerable fragilidad, comparable a un estado de terapia intensiva. La transición de un gobierno a otro implica que la nueva administración asume la compleja tarea de estabilizar la situación, buscando mitigar los impactos sociales adversos como el desempleo y la pobreza. Existe un riesgo latente de incumplimiento de pagos, lo que subraya la urgencia del nuevo gobierno por asegurar fuentes de financiamiento. Sin la posibilidad de diferir el pago de la deuda, el cumplimiento de las obligaciones se vuelve ineludible.
La necesidad de divisas es apremiante. Se estima que, para cubrir la importación de carburantes y el servicio de la deuda externa hasta finales de año, se requieren al menos 500 millones de dólares. Diariamente, la importación de combustibles demanda aproximadamente 6 millones de dólares. Obtener estas cuantiosas sumas en un contexto de crisis económica representa un desafío considerable, a pesar de que se han logrado algunos apoyos financieros, como los de la CAF, y se han aprobado créditos recientemente en la Asamblea Nacional
