El presidente del Banco Central de Bolivia, David Espinoza Torrico, expuso un informe exhaustivo sobre la situación actual de las reservas internacionales del país, destacando un deterioro significativo tanto en divisas como en oro. Durante su primera conferencia de prensa, Espinoza advirtió que las políticas fiscales implementadas en la gestión anterior llevaron a Bolivia a un escenario crítico, cercano a una espiral hiperinflacionaria comparable a la vivida en la década de 1980.
En su presentación, el titular del Banco Central detalló que las reservas internacionales netas disminuyeron drásticamente, pasando de 6.468 millones de dólares en 2019 a 1.709 millones en 2023. Aunque en 2024 se observa una recuperación parcial hasta 3.167 millones de dólares, esta cifra resulta engañosa debido a que la mayor parte corresponde a reservas en oro y no a divisas líquidas. Precisamente, las divisas disponibles cayeron de 709 millones en 2022 a apenas 166 millones en 2023, y actualmente rondan los 50 millones de dólares, generando una presión considerable para cumplir con compromisos externos y mantener la estabilidad cambiaria.
Espinoza atribuyó esta situación a un uso intensivo del oro para financiar la liquidez del país, señalando que gran parte del metal precioso se encuentra depositado en bancos extranjeros ubicados en Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, en lugar de estar resguardado en bóvedas nacionales. Además, reveló la existencia de operaciones poco claras que involucran 6,6 toneladas de oro, las cuales están siendo objeto de revisión para verificar el cumplimiento de normativas legales.
En cuanto al déficit fiscal, el presidente del Banco Central expresó su preocupación por la acumulación de once años consecutivos con números rojos, una situación que calificó de “absolutamente irresponsable”. Indicó que el déficit inicialmente previsto para 2024 era de 37.500 millones de bolivianos, cifra que se incrementó a 44.000 millones en una revisión a mitad de año y finalmente alcanzó los 50.000 millones al cierre del periodo bajo la administración anterior. Esta dinámica equivale a un gasto superior a los ingresos, lo que llevó al gobierno a financiarse internamente a través del Banco Central, elevando el financiamiento interno de 14.000 a 45.000 millones de bolivianos.
Espinoza también criticó los intentos fallidos de emitir bonos soberanos en mercados internacionales debido a la falta de orden fiscal y coherencia macroeconómica. En respuesta, el Banco Central está colaborando con el Ministerio de Economía para diseñar un nuevo marco fiscal y financiero que permita recuperar las reservas internacionales, reducir el déficit y eliminar la dependencia del financiamiento del Tesoro por parte del Banco Central, con el fin de enviar señales claras de estabilidad a los agentes económicos.
Finalmente, el presidente del Banco Central enfatizó que Bolivia debe aumentar sus reservas internacionales para evitar vulnerabilidades financieras y corregir las deficiencias heredadas, destacando la necesidad de construir una credibilidad macroeconómica sólida. Subrayó que la dependencia exclusiva del oro, un activo poco líquido, no es sostenible y que la estabilidad fiscal es un desafío que requiere el compromiso de todos los sectores
