Desde que se le confiscó su teléfono móvil, el expresidente Luis Arce permanece bajo custodia en el penal de San Pedro, donde ha adoptado medidas para evitar conflictos con otros internos. Durante la Navidad, distribuyó juguetes a los niños y panetones a los adultos del recinto, mientras que en Año Nuevo ofreció un plato de lechón a todos los reclusos de la Sección Posta, quienes tras recibirlo debían agradecerle y estrechar su mano, según relatan testimonios de privados de libertad.
Estos relatos forman parte de las impresiones recogidas durante los primeros 35 días que Arce ha pasado en este centro penitenciario de La Paz, donde se encuentra en detención preventiva en el marco de un proceso judicial relacionado con un caso emblemático de corrupción vinculado al Fondo Indígena durante la gestión del MAS.
El cambio de entorno ha sido drástico para el exmandatario, quien pasó de residir en espacios amplios y exclusivos —como su casa en Miraflores, un departamento en Sopocachi o el lujoso piso 24 de la Casa Grande del Pueblo— a ocupar una celda pequeña y húmeda construida en venesta y estuco. En este espacio, que anteriormente estuvo ocupado por dos exmilitares procesados por la crisis política de 2019, Arce fue recibido por un exfuncionario de la Aduana, amigo suyo, quien lo asistió en sus primeros días en prisión.
Se comenta que Arce pagó 200.000 bolivianos por esta celda, la más aislada del penal, anticipando su ingreso. A pesar de las tensiones internas y las fracturas políticas en el MAS, el expresidente nunca previó que terminaría tras las rejas.
Por su parte, un funcionario penitenciario, que prefirió mantener el anonimato, confirmó que Arce distribuyó aproximadamente 3.000 juguetes a los hijos de los reclusos y brindó lechón a los internos de su sección, un gesto considerado más sincero que estratégico. Debido a su situación particular, el expresidente permanece parcialmente aislado y bajo vigilancia policial constante, además de estar sujeto a controles diarios de signos vitales. Se le ha recomendado realizar actividad física para controlar su presión arterial, y un interno con formación en Educación Física lo asiste en ejercicios, incluyendo prácticas de básquetbol en horarios de bajo riesgo dentro de la Sección Posta.
En torno a su seguridad, circulan versiones que señalan la presencia de escoltas extranjeros contratados por autoridades gubernamentales, aunque estas afirmaciones son desmentidas por fuentes oficiales que aseguran que la protección está a cargo de policías en turnos rotativos. El ambiente en el penal es complejo, con figuras como Arturo Murillo, conocido como “El manillas”, quien también se encuentra recluido allí y mantiene una influencia notable entre los internos, llegando incluso a realizar intercambios de divisas dentro del penal.
El penal de San Pedro se presenta como un microcosmos con sus propias reglas y dinámicas económicas, donde algunos internos gozan de privilegios como visitas fuera de los horarios oficiales, a pesar de que las autoridades niegan cualquier irregularidad en el control de accesos.
La situación de Arce se enmarca en un escenario irónico y cargado de simbolismos, pues otros exfuncionarios del MAS, como el exministro de Obras Públicas Édgar Montaño, disfrutan actualmente de mejoras en sectores del penal que antes se destinaban al aislamiento estricto. Por otro lado, figuras relevantes del entorno del expresidente, como el exejecutivo de la COB Juan Carlos Huarachi, han sido trasladadas a prisiones de máxima seguridad por razones de protección.
No está claro si Arce ha tenido contacto con otros internos de alto perfil ni cómo percibe la presencia de Murillo dentro del penal. Sin embargo, el contexto está marcado por tensiones latentes y episodios que podrían derivar en situaciones imprevisibles, recordando la advertencia del propio Murillo años atrás, cuando afirmó con determinación: “No estoy jugando”
