El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, uno de los eventos deportivos y culturales más vistos a nivel mundial, tuvo este año un protagonismo especial con la actuación de Bad Bunny, el reconocido artista puertorriqueño que se ha consolidado como una figura emblemática de la música latina contemporánea. Desde el inicio de su presentación, el cantante dejó claro que su propuesta artística no solo sería un despliegue musical, sino también una celebración profunda de sus raíces y de la cultura latinoamericana en general.

La transmisión comenzó con un mensaje en español que anticipaba el tono del show: Este es el medio tiempo del Súper Tazón. Este detalle, aparentemente sencillo, fue una declaración significativa en un evento que tradicionalmente ha privilegiado el inglés como idioma predominante. Bad Bunny aprovechó esos minutos para interpretar algunos de sus mayores éxitos, comenzando con Titi me preguntó y continuando con temas emblemáticos como Yo perreo sola, El apagón y NUEVAYoL, culminando su actuación con Debí tirar más fotos. Cada canción fue acompañada por una escenografía cuidadosamente diseñada que evocaba elementos culturales puertorriqueños, como los carritos de piragua —una bebida refrescante tradicional— y el cuatro, instrumento nacional de la isla. La inclusión de “la casita” rural, un símbolo recurrente en su actual gira mundial, reforzó aún más la conexión con sus orígenes.

Más allá del homenaje a Puerto Rico, Bad Bunny extendió su narrativa para abarcar aspectos más amplios de la identidad latinoamericana. Momentos simbólicos dentro del espectáculo reflejaron la vida cotidiana y las tradiciones regionales. Por ejemplo, la aparición de un niño dormido entre sillas durante una boda transmitió una imagen familiar y auténtica que resonó con muchos espectadores latinos. A través del baile y las sonrisas, el artista logró combinar críticas sociales y políticas con una celebración alegre y esperanzadora.

La presentación tuvo lugar en el Levi’s Stadium en Santa Clara, California, durante los 13 minutos asignados al show de medio tiempo en la final de la NFL entre los Seattle Seahawks y los New England Patriots. Aunque breve, este espacio fue suficiente para incluir otras figuras destacadas como Lady Gaga interpretando su reciente éxito Die with a smile en versión salsa y Ricky Martin cantando Lo que le pasó a Hawaii, una canción original de Bad Bunny. También se sumaron al escenario artistas como la colombiana Karol G y el actor chileno Pedro Pascal, reforzando así la representación latina en uno de los eventos más vistos del mundo.

El carácter político del espectáculo fue un tema ampliamente anticipado debido a las controversias previas relacionadas con la elección de Bad Bunny como artista principal. Su música completamente en español generó críticas especialmente desde sectores conservadores estadounidenses que cuestionaron esta decisión por considerar que no representaba al público mayoritario del país anfitrión. Sin embargo, Bad Bunny no solo quebrantó esas expectativas sino que también hizo historia al convertirse en el primer artista en ganar el Grammy al Mejor Álbum del Año con un disco íntegramente en español (Debí tirar más fotos). Este hecho subrayó la creciente influencia global del idioma y la cultura latina.

Durante su actuación no hubo referencias explícitas a temas políticos o figuras polémicas como ICE o Donald Trump, aunque sí se transmitió un mensaje implícito a través de frases como “Seguimos aquí”, que reflejan resistencia y persistencia frente a las dificultades enfrentadas por Puerto Rico y Latinoamérica. Un momento particularmente simbólico fue cuando cantó junto a uno de los postes eléctricos característicos de Puerto Rico, recordando los constantes cortes eléctricos que ha sufrido la isla debido a un sistema energético deteriorado desde el paso devastador del huracán María en 2017.

En un gesto final cargado de simbolismo inclusivo y unidad continental, Bad Bunny pronunció en inglés la frase “God bless America” (Dios bendiga a América), tradicionalmente usada para referirse exclusivamente a Estados Unidos. Sin embargo, él amplió este concepto nombrando a todos los países del continente americano mientras se proyectaba un mapa sin fronteras visibles sobre las pantallas gigantes. En sus manos sostenía un balón con la inscripción “Together we are America” (Juntos somos América), enfatizando así un mensaje integrador más allá de divisiones nacionales.

La despedida estuvo marcada por una escena festiva donde Bad Bunny interpretó “Debí tirar más fotos” rodeado por personas portando banderas diversas representativas de países latinoamericanos. Esta imagen final sintetizó el espíritu del evento: una celebración vibrante no solo del talento individual sino también del sentido colectivo e identitario compartido por millones.

En definitiva, lo vivido durante esos minutos no fue solo un concierto más dentro del marco deportivo sino una verdadera fiesta cultural que reafirmó el lugar central que ocupa hoy Latinoamérica en el panorama global. La combinación entre música popular contemporánea, símbolos tradicionales y mensajes sociales permitió conectar con audiencias variadas mientras se destacaba orgullosamente una identidad plural e inclusiva. El medio tiempo del Super Bowl se transformó así en un escenario donde convergieron arte, política e identidad cultural bajo una narrativa optimista y esperanzadora para toda América Latina

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