En un acto cargado de simbolismo y arraigo cultural, el presidente Rodrigo Paz, acompañado por la primera dama María Elena Urquidi, hizo su ingreso al palco principal durante la tradicional entrada folklórica en honor a la Virgen del Socavón en Oruro. Este evento representa una de las manifestaciones más emblemáticas del carnaval boliviano, que no solo celebra la devoción religiosa sino que también pone de relieve la rica diversidad cultural del país. El mandatario portaba un cartel con la frase “nuestras danzas son nuestra identidad”, un mensaje que subraya la importancia de las expresiones artísticas y folclóricas como elementos fundamentales para la construcción y proyección de la identidad nacional.
Durante su intervención, el presidente Paz enfatizó que esta festividad es un reflejo vivo de la pluralidad boliviana y una muestra contundente de cómo la cultura puede funcionar como un puente para unir a los ciudadanos. Destacó que la cultura boliviana es invencible y debe ser defendida con orgullo y en una visión positiva, no desde el aislamiento o el cierre hacia el exterior, sino como una forma de presentar al país ante el mundo. Esta perspectiva resalta el valor estratégico que tiene el folclore como herramienta para fortalecer la imagen internacional de Bolivia, fomentando a su vez el sentido de pertenencia entre sus habitantes.
La presencia del presidente en esta tradicional entrada tiene un significado especial, ya que es la primera vez que asiste en calidad de jefe de Estado y no simplemente como un participante fraterno. Su vinculación con esta celebración es profunda y personal: ha sido bailarín durante más de tres décadas, con quince años dedicados a los caporales y luego a la morenada. Sin embargo, este año no pudo participar activamente debido a una lesión en su rodilla que aún está en proceso de recuperación. Este dato añade una dimensión humana a su figura pública, mostrando cómo su compromiso con las tradiciones populares trasciende lo protocolar.
En el marco del Carnaval boliviano, el mandatario anunció una agenda amplia que incluye su participación en diferentes festividades regionales. Además de Oruro, tiene previsto asistir a los carnavales en Santa Cruz de la Sierra y en los valles del país, culminando esta serie de eventos culturales en Tarija con la celebración conocida como “martes de albahaca”. Esta itinerancia simboliza un esfuerzo por conectar con distintas regiones y manifestaciones culturales dentro del territorio nacional, reforzando así un mensaje inclusivo y nacionalista.
En particular, se espera que el presidente llegue a Santa Cruz para participar del corso carnavalero en el Cambódromo junto al gobernador Luis Fernando Camacho. Esta actividad es otro punto clave dentro del calendario festivo que refleja la diversidad cultural boliviana y sirve también como escenario para estrechar vínculos políticos y sociales.
Más allá del ámbito cultural, durante su breve contacto con los medios, Paz vinculó estos eventos tradicionales con el contexto político actual del país. A tres meses desde el inicio de su gestión, señaló que se están enviando señales claras de cambio dentro de su administración. En este sentido destacó indicadores económicos relevantes como el riesgo país ubicado por debajo de los 500 puntos, lo cual puede interpretarse como una señal favorable para los mercados y para la percepción internacional sobre Bolivia.
Asimismo, el presidente reconoció que su gobierno está en una etapa inicial donde se está “descubriendo lo que funciona y lo que no funciona”, haciendo referencia a áreas críticas como la gestión de empresas públicas y el abastecimiento energético. Este diagnóstico implica un proceso gradual orientado al reordenamiento interno para corregir deficiencias estructurales. La administración actual se encuentra inmersa en ajustes necesarios para mejorar la eficiencia estatal sin perder de vista los objetivos sociales y económicos planteados.
En resumen, la participación activa del presidente Rodrigo Paz en estas celebraciones folklóricas no solo reafirma su compromiso con las tradiciones culturales bolivianas sino también proyecta una imagen gubernamental cercana al pueblo y consciente del valor integrador que tienen estas manifestaciones populares. La combinación entre cultura e indicadores políticos reflejada en sus declaraciones evidencia una estrategia comunicacional enfocada en mostrar avances concretos mientras se fortalece la identidad nacional desde sus raíces más profundas
