Muchos años antes de convertirse en presidente, Rodrigo Paz Pereira vivió de cerca la esencia del Carnaval de Oruro, una de las festividades más emblemáticas y arraigadas en la identidad cultural boliviana. En su juventud, se destacaba como un gallardo caporal, uno de los personajes centrales en las danzas tradicionales que recorren las calles de esta ciudad durante el Sábado de Peregrinación, día culminante del carnaval dedicado a la Virgen del Socavón. Esta experiencia temprana le permitió conocer desde dentro el significado profundo de esta celebración, que trasciende lo religioso para convertirse en una expresión vibrante de la historia y la cultura orureña.
Ahora, en su rol como presidente del país, Paz Pereira regresó a Oruro no solo como un espectador más, sino como una autoridad que reconoce y valora el legado cultural que representa esta festividad. Su presencia en las graderías del recorrido fue un gesto simbólico que subraya la importancia que otorga a mantener vivas las tradiciones nacionales. Al aplaudir el paso de miles de danzarines ataviados con sus trajes coloridos y ejecutando coreografías ancestrales, mostró un respeto profundo hacia una manifestación que ha sido declarada Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO.
El Sábado de Peregrinación es mucho más que un desfile; es un ritual colectivo que reúne a comunidades enteras para rendir homenaje a la Virgen del Socavón, conocida cariñosamente como “Mamita Candila”. Esta devoción se manifiesta a través del baile, la música y el fervor religioso, elementos que confluyen en una celebración única donde se mezclan lo sagrado y lo festivo. La participación activa del mandatario junto con su esposa —tocando el platillo y bailando danzas tradicionales— refleja no solo su aprecio por estas expresiones culturales sino también un llamado a fortalecer la identidad nacional mediante la preservación y promoción de nuestras raíces folklóricas.
En sus declaraciones durante el evento, el presidente resaltó cómo este carnaval proyecta ante el mundo la riqueza cultural boliviana. La festividad no solo atrae a miles de visitantes nacionales e internacionales cada año, sino que también representa una oportunidad para difundir los valores y tradiciones ancestrales que definen al país. La conexión entre cultura y fe es especialmente significativa en este contexto, ya que ambas dimensiones se entrelazan para construir un sentido de pertenencia comunitaria y espiritualidad colectiva.
La visita presidencial al Carnaval de Oruro adquiere así una dimensión política y social importante. Sirve para reafirmar el compromiso del gobierno con la promoción cultural como herramienta para fortalecer la unidad nacional. En tiempos donde los desafíos sociales pueden fragmentar a las sociedades, eventos como este son espacios donde se reafirman los vínculos históricos y afectivos entre los bolivianos. La presencia activa del mandatario no solo honra una tradición personal sino también envía un mensaje claro sobre la relevancia que estas manifestaciones tienen para el presente y futuro del país.
En definitiva, Rodrigo Paz Pereira ha retomado sus raíces desde una posición privilegiada para valorar y fomentar uno de los patrimonios culturales más significativos de Bolivia. Su participación directa en el Carnaval de Oruro pone en evidencia cómo las tradiciones populares pueden servir como puentes entre generaciones y sectores sociales diversos. Este acto simbólico fortalece no solo la identidad cultural local sino también el sentido colectivo nacional alrededor de valores compartidos como la fe, la alegría y el respeto por las costumbres ancestrales
