La ciudad de La Paz, capital administrativa de Bolivia, vive intensamente su carnaval por tercer día consecutivo, una celebración que se ha convertido en un referente cultural y social para sus habitantes y visitantes. Esta festividad, que combina música, danzas tradicionales y un colorido despliegue de alegría, ha logrado congregar a miles de personas en el corazón de la ciudad, consolidándose como una expresión auténtica del patrimonio paceño.

Las actividades centrales del carnaval comenzaron el sábado con el corso infantil, un evento que no solo destacó por su magnitud sino también por la participación entusiasta de los niños y niñas. Según datos oficiales proporcionados por la Alcaldía paceña, más de 200.000 personas asistieron a esta actividad que se caracteriza por la creatividad y el entusiasmo de los pequeños disfrazados. Este corso, que se desarrolla en el centro histórico de La Paz, es una manifestación cultural donde la imaginación infantil se convierte en protagonista, transformando las calles en un escenario vibrante lleno de colores y alegría.

El domingo continuó con la tradicional farándula del Pepino, un personaje emblemático del carnaval paceño cuya identidad y origen han sido objeto de reivindicación durante esta edición. El Pepino es mucho más que una figura festiva; representa una tradición ancestral que ha sido preservada a lo largo del tiempo como parte fundamental del patrimonio cultural local. El alcalde Iván Arias destacó la importancia de esta reivindicación frente a intentos externos que buscan despojar al Carnaval paceño de este símbolo propio. La farándula reunió a numerosos participantes disfrazados como Pepinos, quienes mostraron con entusiasmo y felicidad su orgullo por mantener viva esta tradición.

Este lunes el carnaval continúa con la entrada denominada Jisk’a Anata, una marcha folclórica que recorre distintas calles del centro paceño desde cerca del mediodía. Este evento cuenta con la participación activa de más de 60 conjuntos folklóricos y autóctonos provenientes de diferentes regiones del país, lo que evidencia la riqueza cultural y diversidad étnica presente en las celebraciones. La saya afroboliviana es uno de los ritmos destacados dentro del Jisk’a Anata, mostrando las raíces afrodescendientes que forman parte integral de la identidad boliviana.

La agenda festiva no concluye con estas actividades; para el martes está programado el Ch’alla, un rito tradicional dedicado a agradecer a la Pachamama o Madre Tierra, reflejando la profunda conexión espiritual y simbólica que los paceños mantienen con su entorno natural. El Ch’alla es una ceremonia cargada de significado donde se realizan ofrendas para bendecir la tierra y pedir prosperidad para el año venidero.

Finalmente, las celebraciones prevén concluir con dos eventos importantes: el domingo 22 tendrá lugar el entierro simbólico del Pepino, marcando el fin oficial del carnaval según las costumbres locales. Posteriormente, el subsiguiente fin de semana se realizará el domingo de Corcova, una festividad confirmada por la Alcaldía como cierre definitivo a esta temporada carnavalesca.

En conjunto, estas actividades reflejan no solo una fiesta popular sino también un proceso consciente de recuperación y valorización cultural en La Paz. El carnaval paceño sirve como un espacio para fortalecer la identidad colectiva mediante expresiones artísticas tradicionales que involucran a toda la comunidad. Además, estos eventos representan un importante motor social y económico para la ciudad al atraer visitantes y fomentar el sentido de pertenencia entre sus habitantes. Así, cada día del carnaval aporta nuevas experiencias que enriquecen el patrimonio inmaterial boliviano mientras mantienen viva una tradición centenaria llena de colorido y emoción

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