La ciudad de La Paz se alista para una de sus tradiciones más emblemáticas que marca el cierre del Carnaval paceño: el entierro del pepino. Esta ceremonia, cargada de simbolismo y folclore, se llevará a cabo en el Cementerio General de la capital, en un acto oficial programado para el domingo 22 de febrero. Este evento no solo cierra un ciclo festivo, sino que reafirma la identidad cultural y social que caracteriza a los habitantes de esta región.
El entierro del pepino es mucho más que una simple despedida; representa la clausura de un período de celebración y desenfreno que se inicia semanas antes con el Desentierro del Pepino, ocurrido el 18 de enero. Durante este lapso, diversas comparsas participan activamente en las festividades, manteniendo viva la tradición y el espíritu carnavalesco. La figura del pepino personifica la picardía, la alegría desbordante y la esencia misma del Carnaval paceño, convirtiéndose en un símbolo ineludible que une a la comunidad local.
La organización y coordinación del evento están a cargo de la Asociación de Comparsas del Carnaval Paceño (ACCP), entidad comprometida con la preservación y promoción de estas manifestaciones culturales. Su presidenta, Reyna Quispe, enfatiza que el pepino es mucho más que un personaje festivo; es un emblema cultural que fortalece los lazos entre paceños y bolivianos en general. Además, explica que el entierro no debe interpretarse como un adiós definitivo, sino como una promesa de reencuentro para las celebraciones venideras, destacando así la continuidad y vigencia de esta tradición.
Además del acto central dedicado al pepino, la ceremonia servirá como plataforma para presentar y reivindicar otros personajes emblemáticos del Carnaval Paceño 2026: la cholita paceña y el ch’uta. Estas figuras tradicionales encarnan valores profundos vinculados con la identidad regional. La cholita paceña representa no solo una vestimenta o estilo particular, sino también una expresión cultural cargada de historia, orgullo y resistencia social. Por su parte, el ch’uta complementa esta representación con su propio simbolismo ligado a las raíces culturales andinas y las tradiciones festivas locales.
La inclusión de estos personajes en la despedida del pepino amplifica el valor cultural del evento al conjugar diferentes elementos representativos que reflejan tanto la diversidad como la riqueza de las expresiones populares en La Paz. Esta celebración no solo invita a recordar y honrar las costumbres ancestrales sino también a fortalecer un sentido colectivo de pertenencia entre quienes participan activamente o asisten como espectadores.
En definitiva, el entierro del pepino constituye un momento crucial dentro del calendario festivo paceño. Más allá del festejo puntual, este acto simboliza una reafirmación constante de identidad cultural que atraviesa generaciones. La participación masiva de comparsas y ciudadanos demuestra cómo estas tradiciones mantienen su relevancia social y cultural frente a los cambios contemporáneos. La ceremonia en el Cementerio General será entonces un espacio donde convergen memoria, cultura y comunidad para cerrar con respeto y alegría uno de los eventos más queridos por los paceños durante todo el año
