El décimo aniversario del referendo constitucional del 21 de febrero de 2016, conocido como el 21F, transcurrió este año sin grandes actos conmemorativos ni pronunciamientos oficiales que lo destacaran como un hito histórico. Sin embargo, esta fecha sigue siendo un punto de referencia crucial en la historia política reciente de Bolivia, pues marcó un antes y un después en la trayectoria del expresidente Evo Morales y del Movimiento al Socialismo (MAS), quienes protagonizaron durante más de una década el llamado proceso de cambio en el país.
Este referendo fue convocado por ley del Legislativo para decidir sobre la reforma del artículo 168 de la Constitución, que proponía habilitar la reelección presidencial por dos periodos consecutivos adicionales. La pregunta formulada a los ciudadanos fue clara: si estaban o no de acuerdo con modificar la Carta Magna para permitir que el presidente y vicepresidente pudieran ser reelectos dos veces más. El resultado mostró una mayoría ajustada pero significativa: el 51,3% votó en contra, mientras que el 48,7% apoyó la reforma. Este rechazo popular representó un golpe directo a las aspiraciones continuistas del entonces mandatario Evo Morales.
El impacto político del 21F ha sido ampliamente analizado por expresidentes, líderes políticos y expertos en Bolivia. Para muchos, esta consulta popular significó el inicio del declive del régimen masista y un freno al proyecto político que Morales había consolidado desde su llegada al poder. El resultado no solo impidió su repostulación inmediata, sino que también evidenció el cansancio y rechazo de amplios sectores sociales frente a lo que se percibía como una tendencia hacia la perpetuidad en el poder.
Un grupo reducido de activistas se congregó este aniversario en la plaza Murillo para recordar simbólicamente la fecha con pancartas y mensajes alusivos. En paralelo, diversas figuras públicas optaron por expresar sus opiniones a través de las redes sociales, donde coincidieron en resaltar la trascendencia histórica del 21F como un momento clave para la defensa de la democracia boliviana ante intentos autoritarios.
Entre los antecedentes más relevantes que rodearon este referendo destacan dos episodios que erosionaron considerablemente la imagen del gobierno masista. Primero, las denuncias de corrupción vinculadas a millonarios contratos con la empresa china CAMC, reveladas por el periodista Carlos Valverde y nunca completamente esclarecidas en las instancias oficiales. Este escándalo se profundizó con la polémica relación entre Morales y Gabriela Zapata, exdirigente juvenil del MAS, quien estuvo involucrada en procesos judiciales relacionados con legitimación de ganancias ilícitas y cuya situación legal fue objeto de controversia hasta años después.
El segundo hecho relevante fue la resolución emitida por el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) en 2017 que permitió a Morales y a su entonces vicepresidente Álvaro García Linera postularse indefinidamente a cargos públicos pese al mandato constitucional vigente y al mandato popular expresado en el referendo. Esta decisión judicial fue interpretada por muchos como una vulneración directa a la Constitución Política del Estado y una muestra clara de cómo los órganos institucionales fueron utilizados para sustentar intereses partidarios.
El analista político Iván Rada señaló que esta serie de hechos —la negativa ciudadana expresada en las urnas junto con las maniobras legales para ignorarla— generaron un desgaste irreversible para el régimen masista. Además enfatizó que los magistrados involucrados deberían asumir responsabilidades políticas o legales por sus actuaciones contrarias al espíritu democrático. Para Rada, el 21F representa un movimiento ciudadano emblemático que evidenció el compromiso histórico de los bolivianos con los principios democráticos frente al autoritarismo.
No obstante, pese a este rechazo popular inicial y las protestas masivas ocurridas en 2019 contra denuncias de fraude electoral durante los comicios generales —que mostraron nuevamente ese espíritu inconforme bajo consignas como “¡Nadie se cansa, nadie se rinde!”— el MAS logró retornar al poder tras las elecciones de 2020. Esta recuperación política no logró borrar completamente los efectos simbólicos ni políticos del referendo; más bien dejó abierto un escenario complejo marcado por crisis políticas recurrentes y desafíos económicos profundos.
Las elecciones posteriores han reflejado una pérdida considerable del apoyo popular hacia el MAS; muestra clara es su desempeño electoral en comicios posteriores donde apenas alcanzaron poco más del tres por ciento de votos válidos, apenas suficiente para conservar su sigla oficial. Esto confirma una transformación significativa en el mapa político boliviano desde aquel momento decisivo hace diez años.
En definitiva, aunque no haya habido grandes celebraciones oficiales ni actos masivos este aniversario, la conmemoración silenciosa pone nuevamente sobre la mesa reflexiones sobre el valor histórico del 21F como expresión democrática fundamental frente a intentos prolongados de perpetuidad en el poder. Para muchos sectores políticos y sociales bolivianos sigue siendo una fecha emblemática que reafirma la importancia de respetar las decisiones populares y mantener vigentes los principios constitucionales para garantizar estabilidad política y respeto democrático en Bolivia
