La noche de este sábado se convirtió en un momento de profunda tristeza para el mundo artístico y cultural boliviano con el fallecimiento del reconocido actor y comediante David Santalla. Tras una prolongada batalla contra el cáncer, el artista perdió la vida en un instituto de oncología de Sucre, ciudad donde su cuerpo fue inicialmente velado en las instalaciones de la Gobernación de Chuquisaca. La presencia de su esposa, Sandra Saavedra, en el velatorio reflejaba la conmoción y el dolor que embargaban a sus seres queridos y seguidores, quienes se manifestaron con numerosas muestras de solidaridad hacia la familia.

El impacto de la partida de Santalla trascendió inmediatamente a las redes sociales, donde su hijo Yungaro Santalla hizo un llamado público para que los restos de su padre fueran trasladados a La Paz, ciudad natal del actor. Este pedido no solo respondía a una cuestión familiar sino también a un deseo profundo del propio artista: ser despedido y enterrado en su tierra, lugar donde forjó gran parte de su carrera y vida personal. La solicitud enfatizaba la importancia simbólica y emocional que tenía La Paz para Santalla, destacando que fue allí donde nació, donde su corazón se formó en el barrio Miraflores y donde estableció su compañía teatral Santallazos. Además, subrayaba la necesidad ética y justa de honrar su memoria en un espacio emblemático como el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez.

Este reclamo encontró eco en las autoridades locales. El alcalde paceño Iván Arias anunció que para el domingo se habilitaría una capilla ardiente en el Teatro Municipal desde las primeras horas del día. Este gesto buscaba rendir homenaje al artista que con su talento logró provocar risas y emociones profundas entre el público paceño. Arias también hizo un llamado al gobierno nacional para que facilite con urgencia el traslado de los restos hacia La Paz, reafirmando que esta era la voluntad expresada por Santalla y sus familiares. De manera extraoficial se supo que existían gestiones encaminadas para concretar este traslado durante la jornada dominical, lo que permitiría a amigos, colegas y ciudadanos rendirle tributo en un escenario emblemático para la cultura boliviana.

La vida y trayectoria de David Santalla están marcadas por una historia rica en experiencias artísticas y personales que reflejan tanto sus raíces como su versatilidad creativa. Nacido en La Paz en 1939, vivió parte de su infancia en Chile debido al exilio impuesto por circunstancias políticas relacionadas con su padre militar. Durante ese período desarrolló habilidades deportivas destacadas como gimnasta y nadador hasta formar parte de selecciones nacionales juveniles chilenas antes de regresar a Bolivia. Esta mezcla cultural influyó notablemente en la construcción artística posterior del comediante.

A lo largo de décadas, Santalla creó un estilo inconfundible basado en la representación auténtica de personajes regionales bolivianos mediante acentos particulares y observaciones agudas sobre las costumbres sociales. Sus figuras más emblemáticas como Toribio, un hombre humilde con aspiraciones; Salustiana, una cholita divertida e ingeniosa; o don Enredoncio, un adulto mayor con una visión crítica pero cómica sobre lo cotidiano, lograron conectar profundamente con audiencias diversas al retratar realidades cercanas con humor fino e inteligente.

Su aporte no se limitó al teatro; también dejó huella importante en el cine nacional participando en filmes icónicos como “Chuquiago”, “Cuestión de Fe” y especialmente “Mi Socio”, considerada una pieza fundamental dentro del cine boliviano por su relevancia cultural e impacto social. Esta última película incluso tuvo una secuela décadas después debido a su perdurable popularidad.

Además del escenario y la pantalla grande, Santalla plasmó sus vivencias personales y profesionales en varios libros donde compartió reflexiones sobre su carrera artística y la sociedad boliviana desde su perspectiva única.

La partida del actor no solo representa la pérdida de un talento excepcional sino también el cierre de una etapa significativa dentro del arte escénico boliviano. Su legado permanece vivo entre quienes disfrutaron sus interpretaciones tanto humorísticas como emotivas, así como entre quienes reconocen la importancia cultural que aportó durante décadas. La decisión final sobre el lugar definitivo para despedirlo refleja también cómo un artista puede convertirse en símbolo identitario para toda una comunidad que hoy lamenta profundamente su ausencia pero honra eternamente su memoria

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