La dirigencia del club Universitario enfrenta una situación compleja tras la suspensión de la fase final de la Liga Boliviana del Baloncesto Femenino (Libofem 2025), decisión tomada por la Federación Boliviana de Baloncesto (FBB) durante una reunión celebrada el pasado fin de semana. Este inesperado desenlace ha generado un perjuicio económico y deportivo para el club, que había asumido la responsabilidad de ser sede del evento decisivo, y ahora busca mecanismos para mitigar los daños ocasionados por esta suspensión.

Como anfitrión de la etapa final del torneo, Universitario había invertido recursos significativos en la organización y preparación del evento, desde la adecuación de las instalaciones hasta los gastos logísticos necesarios para recibir a los equipos participantes. El delegado del club, William Doserich, manifestó su preocupación por esta situación, ya que los gastos realizados no solo se vieron truncados, sino que también se generó una incertidumbre sobre cómo recuperar la inversión realizada. La suspensión no solo afecta a nivel económico sino que también repercute en el prestigio y proyección deportiva del club.

Un factor determinante en esta crisis fue el rechazo por parte de los tres equipos orureños clasificados para la final. Estos clubes manifestaron una postura inflexible respecto a la sede del torneo, solicitando que la fase final se llevara a cabo en Oruro y rechazando rotundamente Tarija como lugar para disputar los encuentros decisivos. Esta falta de disposición para dialogar y encontrar una solución consensuada complicó aún más el panorama. Según Doserich, nunca hubo un intento real de establecer un canal de comunicación para explorar alternativas como una cancha neutral o un acuerdo intermedio que permitiera continuar con el torneo sin contratiempos.

La postura intransigente de los equipos orureños llevó a la Federación Boliviana de Baloncesto a tomar la drástica medida de suspender toda la temporada 2025 del torneo femenino. Esta decisión tiene consecuencias directas para el baloncesto femenino nacional, ya que Bolivia perderá su representación en el próximo torneo sudamericano femenino previsto para 2026. Este vacío competitivo puede afectar no solo al desarrollo y visibilidad del baloncesto femenino en el país, sino también las oportunidades internacionales para las jugadoras y clubes bolivianos.

Además del impacto organizativo y deportivo, Universitario había realizado esfuerzos adicionales para fortalecer su plantel con miras a obtener el título nacional y representar a Bolivia en competencias continentales. El club contrató a dos jugadoras internacionales de alto nivel con el objetivo de aumentar su competitividad durante esta fase final crucial. Sin embargo, tras la suspensión abrupta del torneo, ambas atletas retornaron a sus países de origen, lo que representa otro golpe tanto desde lo deportivo como desde lo económico para Universitario.

Este escenario pone en evidencia las dificultades que enfrentan las instituciones deportivas locales cuando surgen conflictos entre clubes y federaciones, así como las consecuencias negativas que pueden derivarse cuando no existe un diálogo efectivo ni disposición para buscar soluciones conjuntas. Para Universitario, además del perjuicio financiero inmediato, está en juego su aspiración deportiva y su capacidad para mantener su nivel competitivo a largo plazo dentro del baloncesto femenino boliviano.

En suma, esta situación deja claro que es imprescindible fomentar canales abiertos y flexibles entre todos los actores involucrados en las competiciones deportivas nacionales para evitar suspensiones traumáticas que perjudican no solo a los clubes sino al desarrollo integral del deporte femenino en Bolivia. La suspensión de Libofem 2025 representa un revés significativo para todas las partes involucradas y plantea un llamado urgente a mejorar la gestión y coordinación dentro del baloncesto nacional

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