En un contexto donde el Crimen Organizado Transnacional (COT) representa una amenaza creciente para la estabilidad y soberanía de los países del continente americano, Bolivia ha decidido asumir un papel protagónico en la lucha contra estas redes ilícitas. Así lo manifestó el ministro de Defensa boliviano, Marcelo Salinas Gamarra, durante su participación en la reciente Conferencia de las Américas contra los Carteles, un encuentro internacional que tuvo lugar en Estados Unidos y reunió a representantes de 14 naciones del hemisferio. La cita se realizó en el Cuartel General del Comando Sur estadounidense, ubicado en Doral, Florida, un espacio estratégico para abordar temas de seguridad regional.
Salinas Gamarra aprovechó la oportunidad para destacar la posición geográfica única que posee Bolivia, situada en la convergencia entre los Andes y la Amazonía. Esta ubicación, según explicó, coloca al país en una encrucijada estratégica frente al accionar del COT. En este sentido, planteó dos posibles caminos: permitir que las organizaciones criminales utilicen a Bolivia como un nodo o “hub” para la distribución ilegal de sustancias; o bien transformar esa misma posición geográfica en un “hub soberano”, desde donde se distribuya información y se impulse la seguridad para todo el hemisferio americano. Esta visión busca no solo contrarrestar el tráfico ilícito sino también fortalecer las capacidades estatales para enfrentar los desafíos transfronterizos.
Durante su intervención inaugural en la conferencia, el ministro advirtió sobre la evolución del Crimen Organizado Transnacional hacia formas cada vez más sofisticadas y complejas. Destacó que estas organizaciones ya no actúan únicamente como grupos criminales convencionales, sino que funcionan como actores para-institucionales con capacidad para cruzar fronteras con relativa facilidad. Este fenómeno representa un debilitamiento significativo de la soberanía efectiva de los Estados afectados, pues las redes criminales operan en zonas grises donde el control estatal es limitado o inexistente.
Salinas enfatizó que estas amenazas emergentes no solo comprometen la estabilidad interna de cada nación sino que también generan tensiones entre países hermanos del continente. En este contexto, describió la actual situación regional como una “guerra híbrida permanente”, donde se combinan acciones ilícitas con estrategias de influencia y desestabilización política. Este panorama complejo exige respuestas integrales y coordinadas entre los países afectados.
Para enfrentar estos retos, Bolivia está implementando una ambiciosa estrategia tecnológica y operativa. El ministro informó sobre el desarrollo de un Sistema de Vigilancia Integral financiado con recursos propios del Estado boliviano. Este sistema integrará tecnologías avanzadas como datos satelitales, drones y radares de última generación con el objetivo principal de fortalecer el control territorial. La intención es cerrar las brechas existentes que han sido históricamente explotadas por las redes criminales para operar sin ser detectadas o enfrentadas efectivamente por las fuerzas estatales.
Esta iniciativa apunta especialmente a sellar las fronteras vulnerables y recuperar el control sobre las denominadas “zonas grises”, espacios geográficos donde el crimen organizado ha logrado establecerse debido a debilidades institucionales o falta de presencia estatal constante. El fortalecimiento del control territorial contribuirá a disminuir significativamente la capacidad operativa de estas organizaciones dentro del país y su posible influencia hacia otras regiones del continente.
Además del ámbito físico tradicional, Salinas advirtió que el COT ha extendido su influencia hacia dominios virtuales y cognitivos. Esto implica que estas organizaciones buscan influir directamente sobre las poblaciones locales mediante estrategias destinadas a ganar legitimidad social e impedir o dificultar la acción efectiva del Estado. Esta expansión hacia nuevos espacios requiere una redefinición del concepto tradicional de defensa nacional.
En respuesta a esta complejidad creciente, el ministro subrayó que la defensa moderna debe adoptar un enfoque multidominio que combine inteligencia estratégica con tecnología avanzada y cooperación internacional estrecha. Reconoció que ningún país puede enfrentar solo esta amenaza debido a su carácter transnacional e interconectado.
En ese marco, Bolivia apuesta firmemente por una política de seguridad cooperativa e integral que privilegie la coordinación con sus países vecinos y también con Estados Unidos. El principio rector es claro: la seguridad nacional está directamente vinculada a la seguridad regional; por ende, fortalecer alianzas estratégicas es fundamental para garantizar estabilidad duradera.
Finalmente, Marcelo Salinas expresó el compromiso de Bolivia por desempeñar un rol activo dentro de la arquitectura regional de seguridad. La aspiración es consolidarse como un eje sólido de estabilidad en Sudamérica frente a las amenazas que representa el Crimen Organizado Transnacional. Esta postura refleja no solo una preocupación legítima por preservar la soberanía nacional sino también una visión estratégica orientada a construir un hemisferio más seguro mediante acciones colaborativas entre estados hermanos
