La Federación Boliviana de Fútbol (FBF) enfrenta un importante debate en torno a la implementación del Protocolo de Múltiples Balones, una medida establecida por la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL) con el objetivo de agilizar el desarrollo de los partidos y reducir las demoras durante el juego. Este protocolo, que entró en vigencia desde abril del año pasado en los torneos organizados por la CONMEBOL y en los encuentros clasificatorios para el Mundial, ha generado resistencia entre los clubes que participan en la División Profesional boliviana.
El principal punto de conflicto radica en la eliminación de la tradicional función que cumplen los pasapelotas, quienes se ubicaban a los costados del campo y eran responsables de entregar el balón a los jugadores para reanudar rápidamente el juego. En algunos partidos, estos colaboradores han sido protagonistas involuntarios de retrasos y discusiones con futbolistas y miembros del cuerpo técnico, situación que motivó a CONMEBOL a diseñar un sistema más eficiente. Sin embargo, a pesar de este contexto, los clubes bolivianos prefieren mantener el modelo anterior, argumentando además que muchos de estos pasapelotas forman parte de sus divisiones menores y su labor trasciende lo meramente funcional dentro del campo.
La FBF, por medio de Víctor Hugo Chambi, director de Desarrollo Arbitral, ha expresado su expectativa para que las autoridades y dirigentes deportivos reconsideren su postura frente a esta normativa. Chambi señaló que la aplicación del protocolo es una recomendación oficial emanada desde CONMEBOL y subrayó la importancia de su adopción pensando en el próximo campeonato oficial que dará inicio en abril. La experiencia en otras naciones sudamericanas como Argentina demuestra que esta norma ya forma parte integral del reglamento competitivo, lo que evidencia una tendencia regional hacia la optimización del tiempo efectivo dentro del juego.
El protocolo establece que se deben disponer quince balones distribuidos cuidadosamente alrededor del campo: cerca de los arcos, en las esquinas y frente a las bancas donde se sitúan los jugadores suplentes y cuerpo técnico. Estos balones permanecen sobre soportes como conos u otras estructuras similares para facilitar su rápida utilización. Una novedad fundamental es que ni los jugadores ni el cuerpo técnico tienen permitido manipular estos balones; no podrán retirarlos ni lanzarlos al campo para acelerar una jugada. La única función asignada a los pasapelotas será reponer los balones sobre sus respectivos soportes cuando estos sean usados durante el partido.
Este cambio implica una modificación significativa en la dinámica tradicional del fútbol boliviano, donde la interacción directa entre pasapelotas y jugadores era habitual. La intención clara es minimizar cualquier tipo de interrupción o demora provocada por la búsqueda o entrega del balón durante el desarrollo del juego. En ese sentido, si bien algunos clubes manifiestan resistencia debido a cuestiones culturales o logísticas internas relacionadas con sus divisiones menores, el protocolo apunta hacia una mayor eficiencia y profesionalización dentro del fútbol nacional.
La discusión actual refleja no solo un choque entre tradición e innovación sino también un proceso necesario para alinearse con estándares internacionales impuestos por organismos rectores como CONMEBOL. La eventual aceptación o rechazo definitivo de esta medida tendrá consecuencias directas no solo en la velocidad con la que se disputan las acciones dentro del campo sino también en cómo se gestionan aspectos operativos fundamentales durante cada encuentro oficial. Este debate adquiere relevancia para todos los actores involucrados: desde jugadores y entrenadores hasta dirigentes y aficionados que buscan un espectáculo deportivo fluido y sin interrupciones innecesarias.
En conclusión, mientras se acerca el inicio del campeonato oficial bajo esta nueva normativa, queda por ver si los clubes bolivianos deciden adaptarse plenamente al Protocolo de Múltiples Balones o si mantendrán prácticas tradicionales que podrían influir negativamente en el ritmo competitivo. Lo cierto es que esta medida forma parte de un esfuerzo regional por modernizar y optimizar el fútbol sudamericano, buscando un equilibrio entre tradición y eficiencia que beneficie tanto al espectáculo deportivo como al desarrollo integral del deporte rey en Bolivia
