Bolivia ha reactivado su participación en los foros internacionales dedicados a la lucha contra el narcotráfico, marcando un cambio significativo en su estrategia de combate a este fenómeno. Este nuevo enfoque fue presentado por Ernesto Justiniano, viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas, quien subrayó la priorización de la desarticulación de las estructuras criminales por encima de la mera incautación de drogas. Esta declaración se produjo tras su participación en un encuentro regional del Cono Sur, organizado por la Drug Enforcement Administration (DEA) en Montevideo, donde Bolivia regresó después de varios años de ausencia.

Justiniano enfatizó que el país ha vuelto a integrarse en este espacio de cooperación regional con determinación y con la intención clara de colaborar estrechamente con las naciones vecinas. “Bolivia vuelve a sentarse en esta mesa de cooperación regional, y lo hace con decisión, con resultados y con la firme voluntad de trabajar de manera coordinada”, afirmó. Este retorno es visto como un paso crucial hacia una mayor articulación entre países afectados por el narcotráfico.

El viceministro explicó que el Gobierno está adoptando un enfoque más integral para abordar el problema del narcotráfico. En lugar de enfocarse únicamente en la interdicción tradicional, se busca desmantelar las bases del narcotráfico, lo que incluye atacar las redes logísticas, las economías ilícitas y las estructuras operativas que sostienen estas actividades criminales. “Estamos pasando de perseguir únicamente la droga a desarticular las estructuras del narcotráfico”, indicó Justiniano.

Dentro del marco del encuentro, también se presentaron los resultados operativos logrados por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn). El director de esta unidad, coronel Frans William Cabrera, destacó la importancia de contar con una cooperación regional efectiva para enfrentar investigaciones complejas relacionadas con el narcotráfico. Un caso emblemático discutido fue el del narcotraficante uruguayo Sebastián Marset, quien representa cómo operan las redes criminales transnacionales que no reconocen fronteras y que requieren respuestas coordinadas entre diferentes países para ser combatidas eficazmente.

Además, Justiniano subrayó la necesidad imperiosa de abordar las causas estructurales del problema del narcotráfico, haciendo hincapié en la reducción de cultivos ilegales de coca en zonas no autorizadas. Según datos oficiales, Bolivia tiene alrededor de 40.000 hectáreas cultivadas, y este año se ha fijado como objetivo erradicar al menos 10.000 hectáreas. Este proceso debe ir acompañado por políticas de desarrollo alternativo que ofrezcan opciones sostenibles a las comunidades afectadas y contribuyan a disminuir su dependencia de economías ilícitas.

La participación activa de Bolivia en esta reunión se da en medio de una creciente preocupación sobre el impacto del narcotráfico en Sudamérica y resalta la urgencia por establecer alianzas estratégicas efectivas para enfrentar organizaciones criminales que operan a nivel internacional. En palabras del viceministro Justiniano: “Bolivia está nuevamente integrada a la cooperación internacional, no para ocupar un espacio, sino para aportar con seriedad, compromiso y responsabilidad”. Este renovado compromiso refleja una voluntad política clara hacia una lucha más efectiva contra el narcotráfico y sus diversas manifestaciones en la región.

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