Los ciudadanos peruanos se preparan para una jornada electoral decisiva este domingo, donde elegirán a su nuevo presidente entre un total de 35 candidatos. Esta elección se desarrolla en un contexto de creciente criminalidad y desconfianza hacia la clase política, un fenómeno que ha caracterizado al país en la última década tras una serie de crisis y cambios de liderazgo. Desde 2016, Perú ha tenido ocho presidentes, la mitad de los cuales fueron destituidos por el Congreso, un órgano que enfrenta un alto grado de rechazo por parte del electorado.

La escalada de violencia y criminalidad en Perú se ha transformado en la principal preocupación para los votantes. Entre 2018 y 2025, las tasas de homicidio se han duplicado y las extorsiones han aumentado considerablemente, lo que ha llevado a muchos a relacionar esta situación con la ineficacia de sus gobernantes. María Fernández, una comerciante de ropa de 56 años, expresa su frustración diciendo que no votaría por nadie debido a su desilusión con los políticos, a quienes califica como corruptos y ladrones.

Los candidatos han respondido a esta inquietud generalizada con propuestas radicales para combatir el crimen. Algunas promesas incluyen el restablecimiento de la pena de muerte, el establecimiento de cárceles aisladas en zonas remotas como la Amazonía y recompensas para policías que eliminen a criminales. Sin embargo, estas iniciativas han sido criticadas por analistas como propuestas populistas que carecen de coherencia.

El sociólogo David Sulmont señala que muchos electores llegan a las urnas sin confianza en los candidatos ni en el sistema político en general. La fragmentación del voto es evidente, ya que las preferencias están distribuidas entre varias candidaturas pequeñas, ninguna de las cuales supera el 15% en las encuestas. Según datos recientes, la candidata derechista Keiko Fujimori lidera las encuestas con promesas que incluyen la expulsión de migrantes irregulares y atraer inversiones estadounidenses.

El panorama electoral es incierto. A pesar del dominio inicial de Fujimori, otros candidatos como el empresario centrista Ricardo Belmont y el outsider populista Carlos Álvarez están ganando terreno. La historia reciente muestra que cualquier candidato puede sorprender; Pedro Castillo fue un ejemplo notable al ganar la presidencia en 2021 tras aparecer en séptimo lugar una semana antes del balotaje.

Las papeletas electorales serán extensas este año, ya que los votantes también elegirán diputados y senadores por primera vez desde 1990 debido al restablecimiento del parlamento bicameral. Sin embargo, un informe revela que al menos 252 candidatos tienen antecedentes penales, lo cual alimenta aún más el escepticismo sobre la calidad del liderazgo político disponible.

Luis Benavente, experto en opinión pública, describe esta campaña electoral como superficial y carente de propuestas claras sobre temas fundamentales como reformas políticas o derechos humanos. El foco ha estado casi exclusivamente en la seguridad pública y no hay consenso sobre cómo abordar problemas estructurales como la alta informalidad laboral o impulsar la producción nacional.

Con más del 90% de los peruanos expresando poca o ninguna confianza en su gobierno y parlamento —la cifra más alta registrada en América Latina— el clima electoral refleja un profundo desencanto social. A pesar de estos desafíos políticos y sociales, Perú sigue siendo considerado una economía relativamente estable dentro de la región gracias a sus exportaciones mineras y una inflación controlada. Sin embargo, muchos ciudadanos sienten que su futuro político está marcado por la incertidumbre y la falta de opciones viables.

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