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Las lluvias del invierno austral dejaron en el desierto de Atacama un espectáculo poco habitual incluso para una de las zonas más áridas del planeta. En algunos puntos de la región, las precipitaciones superaron los 180 milímetros, una cifra que César Pizarro, jefe de la sección de conservación de biodiversidad de la Corporación Nacional Forestal chilena (Conaf) en Atacama, calificó ante la AFP como un nivel “muy alto” que nunca se había registrado.

Ese aporte de agua transformó el paisaje seco en un extenso manto de flores de colores intensos, un fenómeno conocido como desierto florido que vuelve a aparecer con fuerza después de las abundantes lluvias asociadas al fenómeno de El Niño en el norte de Chile. A unos 800 kilómetros al norte de Santiago, el agua logró penetrar más hondo en la arena y activar una mayor cantidad de vida en este parque natural, explicó Pizarro.

El paisaje, además de atraer a especialistas y autoridades, también ha convocado a decenas de turistas que detienen sus vehículos al borde de la carretera para fotografiar el entorno. El escenario puede incluir, con algo de suerte, un arcoíris sobre el rojo intenso del atardecer, mientras las flores cubren amplias extensiones del desierto.

Bajo ese suelo aparentemente vacío permanecen durante todo el año millones de semillas y bulbos de unas 200 especies, a la espera de las precipitaciones necesarias para germinar. Entre ellas se cuentan los suspiros blancos y las patas de guanaco, que tiñen de violeta grandes áreas del territorio cuando las condiciones son favorables.

De acuerdo con la Conaf, este año el desierto florido alcanzará su máximo esplendor en octubre, con una extensión estimada de unas 15.000 hectáreas, lo que lo convertiría en uno de los episodios más importantes de su historia. Para Pizarro, el fenómeno demuestra que El Niño, pese a los efectos negativos que puede provocar en distintas partes del mundo, también “genera vida o activa la vida”.

El especialista recordó que entre el 16 y el 22 de julio una fuerte evaporación de agua en el Pacífico frente a las costas de Perú desencadenó lluvias torrenciales, sobre todo en el norte de Chile. Ese temporal dejó 13 muertos y unas 4.000 viviendas destruidas o con daños graves, según las autoridades.

El Niño es una variación natural del clima que ocurre cada dos a siete años y que eleva las temperaturas superficiales en el centro y este del Pacífico ecuatorial. Ese cambio altera los vientos y las lluvias a escala global y suele provocar condiciones meteorológicas erráticas.

Para Pizarro Gacitúa, el desierto florido es mucho más que flores. Su desarrollo depende también de insectos, caracoles, aves, reptiles y mamíferos, que forman parte de un ecosistema en el que cada especie cumple una función. Las abejas polinizan las plantas, mientras que los escarabajos se alimentan de sus restos y fertilizan el suelo con sus excrementos, ricos en nitrógeno y fósforo, preparando la tierra para la siguiente lluvia.

Ante la llegada de miles de visitantes a la zona, el funcionario pidió a los turistas que no pisen las plantas, que utilicen las rutas establecidas y que no lleven mascotas, por el riesgo de transmisión de enfermedades a la fauna local. “Para nuestro país, el desierto florido es un orgullo, es parte de nuestro patrimonio”, afirmó entre brotes amarillos que emergen sobre la arena. “Si bien hay varios desiertos que florecen cuando llueve, el alcance territorial y la diversidad de especies que hay aquí es única”.

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Federico Enrique
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