Tarija atraviesa días de duelo tras el fallecimiento del Dr. Etzel Arancibia Cardozo, un profesional de la salud cuya trayectoria estuvo marcada por más de tres décadas de servicio, dedicación a los pacientes y un compromiso sostenido con el fortalecimiento de la salud pública. Su muerte, ocurrida el 8 de octubre, deja una profunda sensación de pérdida entre su familia, sus colegas y una sociedad que hoy recuerda la dimensión de su trabajo.
La medicina tarijeña despide así a una de sus figuras más reconocidas, no solo por su recorrido institucional, sino también por la impronta humana que dejó en cada espacio en el que se desempeñó. Arancibia desarrolló una carrera amplia en el ámbito sanitario y contribuyó al funcionamiento y fortalecimiento de servicios esenciales para la atención de la población.
Su nombre quedó estrechamente ligado al Banco de Sangre de Tarija, institución que dirigió durante varios años y desde la cual impulsó cambios considerados importantes para su desarrollo. Durante su gestión promovió la modernización de las instalaciones, el fortalecimiento del equipamiento y la consolidación de un modelo orientado a la donación voluntaria y altruista de sangre, una línea de trabajo que acompañó con campañas de recolección destinadas a garantizar este recurso vital para pacientes que requerían transfusiones y otros procedimientos médicos.
Uno de los periodos más exigentes de su labor profesional se produjo durante la pandemia del coronavirus, cuando la atención de pacientes que necesitaban plasma sanguíneo demandó respuestas rápidas y un esfuerzo extraordinario del sistema sanitario. En ese contexto, su experiencia y compromiso resultaron parte del trabajo desarrollado por el Banco de Sangre en beneficio de la población.
Su trayectoria también fue reconocida de manera institucional. La Asamblea Legislativa Departamental de Tarija le otorgó la medalla Libertadores del Sur, en mérito a sus años de servicio y a su aporte al sector de la salud. Ese reconocimiento reflejó una carrera construida desde la constancia y la responsabilidad, pero también desde la sensibilidad frente a las necesidades de los demás.
Quienes compartieron con él espacios de trabajo destacan además su calidad humana, su sensibilidad ante el sufrimiento ajeno y su disposición para colaborar en causas orientadas a preservar la vida. Esa dimensión personal, señalan, fue parte esencial de una labor profesional que trascendió las funciones institucionales.
La partida del Dr. Etzel Arancibia representa una pérdida para el ámbito médico y para Tarija en general. Su legado queda asociado a la atención sanitaria, al impulso de la donación voluntaria de sangre y al compromiso con el cuidado de la vida, valores que marcaron su ejercicio profesional y que hoy son recordados con pesar por una comunidad que lo despide con reconocimiento y gratitud.