La violencia ligada al sicariato y al narcotráfico volvió a impactar con dureza a una misma familia. En un lapso de apenas tres meses, dos hermanos perdieron la vida de manera violenta en hechos ocurridos en la frontera con Brasil y en Santa Cruz. Se trata de Cristian Guzmán Parada, de 31 años, y Johan Guzmán Parada, de 26, ambos mencionados en su momento dentro de la estructura del narcotraficante uruguayo Sebastián Marset, capturado en Bolivia en marzo de este año y trasladado a Estados Unidos, donde permanece recluido.
Cristian Guzmán Parada fue abatido en agosto de este año por efectivos del Batallón de Operaciones Especiales (BOPE) de la Policía Militar brasileña en el estado de Mato Grosso do Sul, durante una intervención en la zona fronteriza con Bolivia. De acuerdo con el informe oficial, formó parte de un grupo de cuatro bolivianos que murieron en ese operativo y que fueron señalados como presuntos autores de asesinatos cometidos en San Matías, entre ellos el del subteniente de Policía Yerson Salazar.
En ese mismo operativo también fueron identificados José Mariano Paz Chávez, de 29 años; José Oscar Lacoa Rapu, de 25; y Bruno Bascope Jordán, de 31, junto a Cristian Guzmán Parada.
Tres meses después, la violencia alcanzó a su hermano menor. Johan Guzmán fue asesinado este martes 13 de octubre cuando se encontraba sentado junto a otras dos personas dentro de un taller mecánico. Un hombre armado ingresó al lugar y le disparó a quemarropa. Según el informe preliminar de la Fiscalía, la víctima presentaba cuatro orificios de bala.
El nombre de Johan Guzmán ya había aparecido antes en investigaciones policiales y judiciales. En 2023 estuvo detenido por el asesinato de una persona en el municipio de Montero y ese mismo año la Policía lo presentó como piloto del narcotraficante uruguayo Sebastián Marset. Además, la Fiscalía le abrió ese año un proceso por el asesinato de un instructor de gimnasio.
Tras el crimen de su segundo hijo, Juanita Parada pidió que el caso sea investigado a fondo y expresó temor por su seguridad. “Mis dos hijos no merecían morir así, tienen que investigar a fondo. Espero que no me involucren. Temo por mi vida y mi seguridad. El mayor tenía 31 años, el otro tenía 26”, declaró entre lágrimas.