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El París Saint-Germain confirmó en campo del Manchester City por qué llega a este tramo de la competición como vigente campeón y uno de los grandes favoritos. Lo hizo con una primera parte deslumbrante, en la que resolvió el partido en apenas media hora con tres goles, y acabó resistiendo en una segunda mitad mucho más caótica hasta cerrar el encuentro con un 2-4 que reflejó tanto su pegada como su capacidad para sobrevivir cuando el City apretó con todo.

La diferencia quedó marcada en un intervalo brevísimo, entre el minuto 12 y 50 segundos y el 14 y 30 segundos, un tramo en el que el PSG pasó de la elaboración al golpe definitivo con una naturalidad que desarmó por completo a su rival. El equipo de Luis Enrique Martínez se mostró preciso en la salida, veloz en el despliegue y contundente en la definición, una combinación que le permitió dejar el duelo prácticamente encarrilado antes de la media hora.

El primer golpe llegó en el minuto 13, en una acción que recorrió el campo de un área a otra con una secuencia de pases en la que participaron Marquinhos, Hakimi, Akliouche y Fabián, este último clave tanto en el inicio como en el último pase. Doué culminó la jugada con un derechazo que sorprendió a Donnarumma, que no alcanzó a detenerlo pese a su estirada. Apenas minuto y medio después llegó el 0-2, una acción de enorme belleza en la que Dembélé conectó con Doué y este devolvió la pared para que el Balón de Oro rematara de cabeza. El tercer tanto, ya en la media hora, llevó la firma de Vitinha, que resolvió con la derecha otra jugada colectiva para establecer un 0-3 que dejó al City contra las cuerdas.

El PSG, incluso sin Kvaratskhelia o Joao Neves en el banquillo, además de Ferran Torres, volvió a mostrar que más allá de sus individualidades es un equipo muy trabajado, capaz de imponerse en escenarios de máximo nivel. Antes del descanso incluso pudo ampliar la ventaja, con un cabezazo de Hakimi al poste tras un centro de Doué, mientras el City apenas encontraba respuestas pese a disponer de jugadores como Haaland, Doku o Enzo Fernández, que protagonizaron algunas de las pocas aproximaciones de peligro del conjunto inglés.

La segunda parte cambió por completo el tono del encuentro. El City regresó con una reacción total, reforzado por los cambios de Guardiola, y empezó a encadenar ocasiones con una insistencia que convirtió el partido en una sucesión de sobresaltos. Enzo Fernández rozó el gol con un cabezazo, Ndiaye obligó a intervenir a Safonov con una volea y Haaland firmó el 1-3 con un cabezazo extraordinario a la escuadra en el minuto 53. A partir de ahí, el asedio fue constante.

El conjunto inglés no dejó de empujar y encontró todavía más aire con un remate al larguero de Semenyo, mientras el PSG trataba de recomponerse como podía. El alivio parisino llegó en el minuto 62, cuando Akliouche convirtió el 1-4 en un latigazo que parecía devolver algo de control a los visitantes. Sin embargo, el City siguió insistiendo y volvió a meterse de lleno en el partido con el 2-4 de Haaland, además de otras acciones que rozaron el gol y mantuvieron la tensión hasta el final.

Ni siquiera el penalti señalado en el minuto 90 permitió al PSG encontrar una tregua definitiva. Ferran lo falló y el pitido final terminó siendo un alivio para un equipo que había dominado con autoridad la primera mitad, pero que tuvo que sufrir de manera intensa para sellar una victoria de enorme valor en uno de los escenarios más exigentes del fútbol europeo.

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Federico Enrique
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