Mike Tyson vuelve a mirar de frente una vida marcada por la gloria, la violencia y las heridas que todavía le duelen. A los 60 años, el exboxeador estadounidense es el eje de una serie documental de cuatro episodios dirigida por Floyd Russ, en la que conviven sus grandes triunfos sobre el ring con episodios que lo siguen persiguiendo fuera de él.
En una entrevista con The Athletic, Tyson resumió su historia con una frase que refleja el tono de la producción: “Viví una vida oscura. Digo cosas oscuras”. Durante el rodaje, algunas imágenes lo llevaron al llanto, una reacción que incluso lo tomó por sorpresa. “Debe haber algo en mí que no funciona bien. Esto no debería afectarme tanto”, dijo en una de las escenas. En otro momento apenas pudo decir: “Lo siento”.
El exboxeador también explicó por qué acepta exponer su pasado en público. “Igual siempre estoy dispuesto a ganar algo de dinero, así que si quieren hacer un artículo, se los doy”, afirmó. Para Tyson, cada persona tiene derecho a sacar sus propias conclusiones más allá de lo que él pueda contar.
Uno de los capítulos más sensibles de la serie es el caso de Desiree Washington, quien tenía 18 años cuando denunció a Tyson por violación tras un encuentro ocurrido en Indianápolis, en julio de 1991, en el marco de un evento vinculado al certamen Miss Black America. Tyson sigue sosteniendo que el encuentro fue consentido y rechaza los cargos. “Pensé que era una conquista. Pero no crucé la línea… Creo que fue consentido”, expresó.
La Justicia, sin embargo, lo declaró culpable de violación y atentado al pudor y lo condenó a seis años de prisión. Tyson cumplió tres años de esa pena. En el documental, cuando el director volvió a tocar ese tema, el exboxeador se mostró incómodo y pidió detener las preguntas. “Es un período muy difícil para mí y no quiero hablar de eso”, respondió. Luego añadió: “No hablás lo suficientemente rápido como para arreglar las cosas”.
Otro de los momentos que la serie revisita es la revancha ante Evander Holyfield en 1997, recordada por la mordida que Tyson le dio a su rival y que le arrancó parte de la oreja. Al ver esas imágenes, no intentó justificarse. “Es mi culpa. No puedo culpar a nadie por eso. Soy un chico mimado, sobre todo en el mundo del boxeo”, admitió.
También rememoró el episodio de una conferencia de prensa de 2002, cuando pareció morder la pierna de Lennox Lewis, que iba a ser su siguiente adversario. “Estaba completamente loco en esa época, ¿no? Lo siento”, dijo al observar la escena.
Pese a reconocer la gravedad de sus actos, Tyson sorprendió al asegurar que no se arrepiente de lo ocurrido con Holyfield. Incluso llegó a comercializar golosinas de cannabis con forma de oreja mordida. “Me gustaría arrepentirme, pero si lo hiciera, no tendría la vida que tengo hoy. Tengo que aceptar que eso me permitió tener la buena vida que llevo”, explicó.
La serie también deja ver una faceta íntima del exboxeador, que habló de una sensación de vacío que, según dijo, lo acompaña desde siempre. “No hablo mal de nadie, pero tengo un vacío enorme adentro, un vacío difícil de llenar. Me siento así desde siempre. Nunca estoy a la altura. Necesito ser más”, confesó.
Para Tyson, volver sobre su pasado significa enfrentarse a una versión de sí mismo que ya no reconoce como propia. “Viví tanta violencia para convertirme en quien soy hoy. Entonces cuando veo a mi yo anterior, guau, me transporta de nuevo al pasado”, señaló. También recordó haber escuchado a Demi Moore expresar una idea similar, algo que, según dijo, lo hizo sentirse mejor.
La historia del ex campeón comenzó lejos de los reflectores. Nacido en Nueva York, creció en un entorno atravesado por la pobreza, las drogas y la violencia. De niño sufrió burlas por llevar ropa sucia y por no comportarse como los chicos considerados duros en su barrio. A los 12 años estuvo internado en un centro de detención juvenil, donde un guardia lo describió en el documental como un niño “muy frágil”.
Su destino cambió con la llegada de Cus D’Amato, el entrenador que se convirtió en su mentor. Tyson terminó siendo