Decenas de miles de simpatizantes de Luiz Inácio Lula da Silva y de Flávio Bolsonaro salieron este sábado a las calles de Brasil en una demostración de fuerza de cara a la votación del domingo, en una jornada marcada por banderas, consignas y un clima de máxima polarización entre izquierda y derecha.
La disputa electoral llega al tramo final con una ventaja mínima para el senador, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, que obtuvo el 47% de los votos en la primera vuelta frente al 45% de Lula. La derecha busca confirmar ese resultado en las urnas, mientras el oficialismo y sus aliados alimentan la posibilidad de una remontada en el último momento.
Dos encuestas difundidas el sábado por Datafolha y Quaest reforzaron esa tensión al mostrar a Bolsonaro con 51% de intención de voto y a Lula con 49%.
En Río de Janeiro, frente a la emblemática playa de Copacabana, una multitud vestida de rojo acompañó al presidente, que a punto de cumplir 81 años se subió a una camioneta pick-up al ritmo de la música y encabezó la movilización. Desde allí, Lula planteó la elección como una definición de soberanía y de rumbo político. “El pueblo tiene que elegir entre alguien que besa la bandera nacional o alguien que besa la bandera estadounidense. Es un asunto de soberanía: no permitiremos que Brasil sea el patio trasero de nadie”, afirmó con la voz más ronca de lo habitual tras varios días de campaña intensa.
Entre quienes participaron de la convocatoria, Nícolas da Silva, empleado de hotel de 25 años, reconoció que el esfuerzo para revertir la tendencia “está siendo muy pesado”. Aun así, sostuvo que no hay margen para bajar el ritmo. “Pero no hay cómo descansar”, dijo a la AFP. “Estamos dando vuelta votos, luchando contra el fascismo, a favor de la democracia”.
Después de Copacabana, Lula continuó su recorrido en una avenida Paulista abarrotada en Sao Paulo, donde volvió a mostrarse ante una multitud que desbordó el centro de la ciudad.
Del otro lado, Flávio Bolsonaro reunió a sus simpatizantes en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, donde familias y motociclistas colmaron la Praça da Liberdade. Allí, el senador defendió una agenda centrada en la libertad económica y en el combate al crimen, mientras sus seguidores repetían críticas a los programas sociales impulsados por Lula. “El partido hoy en el poder quiere dejar a la gente dependiente del Estado. Nosotros valoramos la libertad”, dijo a la AFP el empresario Ebert Dorigo.
Más tarde, Bolsonaro se trasladó al acomodado barrio de Barra da Tijuca, en Río de Janeiro, para visitar la casa donde su padre se recuperó tras el ataque con cuchillo que sufrió durante la campaña de 2018, antes de llegar a la presidencia. En el lugar, entre carteles de “Fuera Lula” y banderas de Estados Unidos e Israel, se congregaron miles de personas. El senador se tomó selfis con un grupo de niños, bailó, rezó con la multitud y reforzó el tono religioso y combativo de su campaña.
Con camiseta de la selección brasileña y gorro verde, Ilma Gomes de Souza, profesora de 53 años, recordó que en su juventud votó por Lula porque se dejaba “influenciar”. Ahora, en cambio, aseguró que su percepción cambió por completo. “Ellos tuvieron muchos años para cambiar Brasil, pero lo hundieron”, afirmó.
Flávio Bolsonaro ha insistido en una línea de mano dura contra el crimen, libre mercado y cercanía con Estados Unidos, en sintonía con el discurso de su padre, condenado a 27 años de cárcel por intentar un golpe de Estado tras perder ante Lula en 2022. Lula, que busca un cuarto mandato, apuesta en parte al rechazo que genera un eventual retorno de los Bolsonaro al poder.
En la avenida Paulista, Flores Tonietti Filho, jubilado de 71 años, expresó su convicción de que el presidente saldrá victorioso. “Lula va a ganar mañana por el trabajo de los jóvenes en las calles y por el celular”, dijo, en referencia a la estrategia digital que el mandatario estrenó en esta campaña para comunicarse directamente con sus electores.
La elección brasileña también es seguida de cerca en el resto de América Latina. Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025, la derecha ha ganado la mayoría de las presidenciales en la región. En ese contexto, Lula acusa a Washington y a