Durante Halloween, la transformación de fotos cotidianas en retratos de terror mediante inteligencia artificial se convirtió en una de las tendencias más difundidas en redes sociales. Sin embargo, esa popularidad también abrió la puerta a riesgos que no siempre son visibles para los usuarios. Según una investigación citada por TN y atribuida a la firma Malwarebytes, existen plataformas desconocidas que estarían aprovechando ese interés para recolectar imágenes de adultos y menores sin explicar con suficiente claridad dónde se almacenan ni cuál será su uso posterior.
El atractivo de estos sitios suele apoyarse en una presentación cuidada: interfaces modernas, políticas de uso aparentemente formales e incluso la posibilidad de iniciar sesión con Google. Aun así, esa apariencia no garantiza transparencia. La investigación advierte que muchas de estas páginas no cuentan con responsables identificables ni con direcciones físicas verificables, por lo que la autenticación que muestran algunos navegadores o buscadores no equivale a un respaldo institucional sobre el tratamiento privado de los archivos que las personas suben.
A esa falta de claridad se suma otro elemento que preocupa: los modelos de negocio agresivos. En varios casos, estas plataformas ofrecen suscripciones anuales con precios elevados, mientras prometen borrar las imágenes después de unos días, algo que el usuario no puede comprobar por sí mismo. Esa combinación incrementa el riesgo de que las fotografías terminen siendo utilizadas para alimentar perfiles falsos o contenido manipulado.
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan alternativas más seguras para quienes quieran sumarse a la estética de Halloween sin exponer información personal. Una de ellas consiste en generar imágenes desde cero a partir de descripciones escritas, usando plataformas reconocidas como ChatGPT o Gemini para crear personajes ficticios sin necesidad de subir selfies reales. También se aconseja recurrir a proveedores consolidados de inteligencia artificial, como Adobe Firefly, revisando siempre las políticas de privacidad y ajustando la configuración para limitar el uso de datos en el entrenamiento de modelos.
Otra opción es procesar los archivos de manera local, sin enviarlos a servidores externos. Para ello, pueden utilizarse herramientas nativas de edición en teléfonos móviles o programas como GIMP, aplicando filtros oscuros o efectos de terror directamente sobre las imágenes. De este modo, se reduce la exposición de los contenidos personales y se evita que circulen por plataformas cuya gestión de datos no resulta transparente.
Antes de usar cualquier herramienta basada en la nube, resulta clave verificar quién opera el servicio y qué terceros intervienen en el manejo de la información. También se recomienda no cargar fotografías de menores de edad ni imágenes de otras personas sin su consentimiento explícito. Revisar con atención las condiciones de eliminación de archivos, los permisos solicitados y si la aplicación impone créditos con vencimiento o cobros recurrentes puede marcar la diferencia entre una experiencia creativa y un problema de privacidad.