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Bolivia dio inicio este viernes a la wallunk’a, una tradición arraigada en los valles de Cochabamba que marca el paso hacia una nueva vida y la fertilidad de la tierra, luego de la despedida a los difuntos en la festividad de Todos Santos.

En el municipio de Colcapirhua, uno de los escenarios donde se mantiene viva esta costumbre, se instalaron los columpios rústicos característicos de la celebración, levantados sobre una estructura de madera de unos 10 metros de altura. Desde allí, las participantes se balancean en busca de canastas, ramos de flores o baldes de plástico que cuelgan del arco principal.

La tradición asigna a las mujeres jóvenes el papel central en la wallunk’a, al considerarlas símbolo de fertilidad y juventud, explicó a EFE el director de Gobernabilidad y Control Social de la Alcaldía de Colcapirhua, Wilson Huayraña. Según señaló, esta práctica se realiza en una época vinculada con la producción y el agradecimiento por lo cosechado o por lo que está en proceso de producirse.

Huayraña recordó que, en su forma tradicional, solo las mujeres jóvenes y solteras podían subir al columpio, aunque con el tiempo la costumbre fue variando y ahora también participan mujeres mayores y casadas. Aun así, insistió en la importancia de preservar esta expresión cultural en la región, donde la wallunk’a sigue siendo una de las tradiciones más fuertes.

Las protagonistas de la jornada, en su mayoría jóvenes de origen quechua, lucieron polleras cortas y coloridas, además de blusas de tonos claros confeccionadas con telas más ligeras que las usadas por las mujeres aymaras del altiplano, en concordancia con el clima más cálido de los valles.

Mientras aguardaban su turno, las participantes observaban cómo una de ellas intentaba alcanzar un ramo de flores con ayuda de dos hombres que la impulsaban en el columpio. La escena formó parte de una celebración que también se enlaza con el mast’aku, el armado de mesas o altares con fotografías de los fallecidos, panes, fruta y los alimentos que en vida preferían.

Huayraña también mencionó el interés de recuperar las coplas, breves composiciones acompañadas de música, para rendir homenaje a los familiares que ya partieron.

En la tradición boliviana de Todos Santos, se cree que las almas de los difuntos llegan el 1 de noviembre al mediodía para visitar a sus familiares y compartir la comida y bebida que les dejan en altares especiales. Al día siguiente, son despedidas entre rezos.

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