Al concluir su mandato como vicepresidente del Estado, David Choquehuanca ofreció una reflexión profunda sobre el cierre de una etapa crucial en la historia democrática boliviana. Subrayó su inquebrantable dedicación al servicio del pueblo y a la consolidación del Estado Plurinacional, enfatizando que la solidez institucional del país ha sido resguardada por sus ciudadanos, libre de injerencias externas.
El exvicepresidente destacó una lección fundamental aprendida durante este proceso: la cohesión social no se fortalece a través del sabotaje o el boicot. En este sentido, hizo un llamado a la unidad, instando a la población a evitar la autodestrucción. Asimismo, advirtió sobre la aparición de un populismo de corte conservador que, según sus palabras, busca capitalizar el actual anhelo de cambio y renovación. El tiempo, señaló, revelará si se trata de una estrategia política coyuntural o de un programa genuino destinado a mejorar la calidad de vida de los bolivianos. Concluyó esta parte de su mensaje recordando que el pueblo posee la sabiduría para reconocer a quienes lo oprimieron y, a su vez, para discernir la verdad detrás del engaño.
En el contexto de estos acontecimientos, el país se prepara para un cambio de gobierno el próximo sábado, marcando el fin de casi dos décadas de administración del Movimiento Al Socialismo tras su derrota electoral. Rodrigo Paz asumirá la presidencia de la nación.
Choquehuanca, quien también ejerció la presidencia de la Asamblea Legislativa Plurinacional, una función que generó significativos cuestionamientos en diversas ocasiones, ofreció una mirada crítica sobre el funcionamiento de este órgano. Argumentó que, en los últimos veinte años, la Asamblea estuvo dominada por una perspectiva con sesgos coloniales, caracterizada por la confrontación, el caudillismo y la sumisión.
Lamentó la sistemática desatención hacia el pensamiento de los pueblos originarios, una visión que, a su juicio, trasciende la dicotomía izquierda-derecha para proponer un camino de retorno a la vida basado en la complementariedad, la armonía, el consenso, el equilibrio y la superación de las divisiones. Sostuvo que las ideas arraigadas en la identidad propia del país continúan siendo objeto de discriminación y menosprecio, atribuyendo esta situación a la intolerancia de las doctrinas occidentales hacia la diversidad transversal.
Además, criticó que el procedimiento normativo en la Asamblea fue desvirtuado por la politiquería, imponiéndose un boicot parlamentario entre bloques de extrema izquierda y extrema derecha. Describió cómo los operadores políticos, alineados con distintos caudillos, priorizaron el sabotaje de los objetivos del programa de desarrollo económico de la gestión gubernamental, olvidando el mandato popular de diálogo, concertación y construcción de una gestión articulada con las necesidades del pueblo y el horizonte del vivir bien. En ocasiones, la Asamblea se transformó en un escenario de espectáculo y bochorno, lamentó.
No obstante, el exvicepresidente consideró que el electorado ha manifestado su profundo descontento y frustración en las urnas. Por ello, enfatizó que no es momento de triunfalismos, sino de interpretar con sabiduría los desafíos actuales y la transición política, especialmente el paso del populismo hacia la derecha
