A pocos días de la segunda vuelta electoral en Bolivia, la administración estadounidense ha señalado un posible giro en las relaciones bilaterales. Desde Washington, el secretario de Estado, Marco Rubio, destacó que, tras un periodo de entre 25 y 30 años de un gobierno percibido como hostil y antiestadounidense, los dos candidatos que compiten en el balotaje han manifestado su interés en forjar lazos más sólidos y beneficiosos con Estados Unidos, vislumbrando una oportunidad transformadora.

Esta apertura diplomática ha sido precedida por acciones concretas de los propios contendientes bolivianos. El domingo 7 de septiembre, Jorge Tuto Quiroga, candidato presidencial por Libre, viajó a Estados Unidos para sostener encuentros con organismos internacionales y representantes del gobierno de ese país. Poco después, Rodrigo Paz emprendió un viaje con una agenda similar.

Las autoridades estadounidenses confirmaron el martes la cercanía de ambos aspirantes presidenciales con la administración del presidente Donald Trump. Estas revelaciones tuvieron lugar durante una conferencia de prensa ofrecida en el marco de la visita del presidente argentino, Javier Milei. En el mismo evento, el presidente Trump comentó sobre la evolución de varios países sudamericanos, incluyendo Bolivia, que hace apenas dos años no se habrían considerado democracias o naciones inclinadas a un comercio equitativo. Afirmó que muchos de estos países están ahora acercándose a la órbita estadounidense.

El contexto de este posible restablecimiento de relaciones se remonta a septiembre de 2008, cuando el entonces presidente Evo Morales declaró persona no grata al embajador estadounidense, Philip Goldberg, solicitando su salida del país. Desde aquel incidente, las relaciones entre ambas naciones se han mantenido a nivel de encargados de negocios, sin presencia de embajadores. Durante la breve administración de Jeanine Áñez, hubo intentos por normalizar estos vínculos, aunque sin éxito. Su gobierno, inicialmente previsto para tres meses con el fin de convocar a elecciones, se extendió por casi un año debido a la pandemia de COVID-19, lo que limitó sus capacidades para consolidar una recomposición diplomática

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