Bolivia y Estados Unidos han dado un paso significativo en la reactivación de sus mecanismos de cooperación en materia antidrogas, una colaboración que se había visto interrumpida durante casi dos décadas. Este avance se ha materializado a través del intercambio de información estratégica, asistencia técnica especializada y programas de capacitación, con el fin de fortalecer la lucha contra el narcotráfico en la región. El viceministro boliviano de Defensa Social y Sustancias Controladas, Ernesto Justiniano, ha confirmado que estos canales ya están operativos, aunque los detalles para formalizar el regreso operativo de la Administración para el Control de Drogas (DEA) al país aún se encuentran en proceso de definición.
La reapertura de este diálogo bilateral se produce en un contexto complejo donde Bolivia mantiene su condición como uno de los principales productores mundiales de hoja de coca, lo cual representa un desafío estructural para las políticas antidrogas nacionales. Ante esta realidad, las autoridades bolivianas han planteado una estrategia integral que combina no solo el componente represivo basado en inteligencia y operativos conjuntos, sino también el desarrollo alternativo y la prevención. Esta estrategia busca abordar las causas y consecuencias del narcotráfico desde múltiples frentes, fortaleciendo las capacidades investigativas y operativas del país mediante la cooperación internacional.
El viceministro Justiniano detalló que mientras se afinan los términos formales del acuerdo con Estados Unidos, ya existe un intercambio activo de información sobre redes criminales transnacionales que operan en la región. Este flujo informativo se realiza bajo estrictos parámetros de respeto a la soberanía nacional y al marco jurídico boliviano vigente. La colaboración diplomática e inteligencia conjunta apunta a desarticular estructuras delictivas cada vez más complejas que afectan no solo a Bolivia sino a varios países vecinos.
Un aspecto relevante que ha sido enfatizado por las autoridades es que no habrá presencia militar extranjera ni bases estadounidenses instaladas en territorio boliviano. Sin embargo, se contempla la realización de operativos conjuntos con agencias internacionales, incluyendo no solo a Estados Unidos sino también a países vecinos como Brasil, Paraguay y Argentina. Esta modalidad busca aprovechar la experiencia y recursos técnicos disponibles para optimizar las acciones contra el crimen organizado sin comprometer la autonomía nacional.
El retorno operativo de la DEA al país representa un cambio importante después de su expulsión en 2008 durante el gobierno de Evo Morales, en medio de acusaciones relacionadas con injerencias políticas. Actualmente, este proceso forma parte de una recomposición más amplia en las relaciones diplomáticas entre Bolivia y Estados Unidos, orientada a restablecer niveles funcionales de confianza mutua. La intención declarada es que esta cooperación contribuya efectivamente a mitigar los impactos negativos del narcotráfico en la seguridad ciudadana y la convivencia social dentro del país.
Además del vínculo renovado con la DEA, Bolivia mantiene relaciones activas con organismos multilaterales y socios técnicos regionales dedicados a fortalecer sus capacidades antidrogas. Este enfoque multilateral e integral refleja una visión estratégica que reconoce que el combate al narcotráfico requiere esfuerzos coordinados más allá del plano bilateral, incorporando recursos humanos especializados, tecnología avanzada y políticas públicas orientadas a reducir la vulnerabilidad social frente al crimen organizado.
En definitiva, este reencuentro entre Bolivia y Estados Unidos en materia antidrogas marca un punto clave para enfrentar uno de los problemas más persistentes para la seguridad nacional y regional. El desafío ahora radica en concretar los acuerdos pendientes respetando las condiciones soberanas establecidas por Bolivia y asegurando que esta cooperación contribuya efectivamente a desmantelar las redes ilícitas sin generar tensiones políticas o sociales internas. La apuesta gubernamental está centrada en consolidar un modelo colaborativo que potencie las capacidades locales mediante apoyo externo responsable y transparente
