A tres meses de haber asumido la presidencia de Bolivia, Rodrigo Paz enfrenta un escenario complejo pero con signos claros de mejoría en aspectos económicos y diplomáticos que habían sido críticos para el país. Su gestión comenzó en medio de una grave crisis que afectaba la estabilidad financiera y la disponibilidad de productos básicos, especialmente combustible, situación que no se presentaba con tal magnitud desde hace más de treinta años. La ausencia de dólares en el mercado formal y la escalada del tipo de cambio en el mercado paralelo, que llegó a alcanzar niveles alarmantes cercanos a los 20 bolivianos por dólar, reflejaban un panorama económico deteriorado y desconfiado. Además, la escasez prolongada del combustible subsidiado complicaba aún más el día a día de los ciudadanos.

Sin embargo, en las últimas semanas se ha observado una notable estabilización del dólar paralelo, cuyo valor se ha fijado alrededor de los 9 bolivianos, una cifra mucho más cercana al tipo oficial y que denota mayor confianza en la economía local. Paralelamente, se han implementado nuevos precios para los combustibles, buscando así equilibrar el mercado y evitar desabastecimientos que afecten a la población. Este paquete de medidas económicas adoptadas por el gobierno ha contribuido a reducir significativamente el riesgo país, indicador fundamental para atraer inversiones y mejorar la percepción internacional sobre Bolivia. En este sentido, Paz destacó que en apenas tres meses lograron bajar ese índice desde niveles superiores a los 2.000 puntos hasta situarlo por debajo de los 600 puntos, un avance considerable frente a países que tardan años en lograrlo.

Otro aspecto relevante durante este primer trimestre ha sido el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos después de casi dos décadas sin vínculos formales. Esta ruptura histórica tuvo su origen durante los gobiernos anteriores encabezados por Evo Morales y Luis Arce, quienes privilegiaron alianzas con potencias como China, Rusia, Venezuela y Cuba, distanciándose así de las principales potencias occidentales. La nueva administración liderada por Paz inició desde su llegada al poder un proceso para retomar las relaciones bilaterales con Washington. En este marco, el canciller boliviano Fernando Aramayo mantuvo reuniones clave con altos funcionarios estadounidenses como Marco Rubio y Cristóbal Landau para coordinar la pronta designación de embajadores y fortalecer una asociación sólida entre ambos países.

Este acercamiento diplomático incluye también la visita próxima a Bolivia de una comisión técnica estadounidense, un gesto que apunta a consolidar esta nueva etapa en las relaciones internacionales del país. La reapertura del diálogo con Estados Unidos puede tener múltiples implicancias positivas para Bolivia en términos económicos y políticos, pues abre posibilidades para cooperación técnica, acceso a mercados internacionales más amplios y mayor estabilidad política interna.

No obstante, esta primera fase del gobierno Paz no está exenta de tensiones políticas internas. En particular destaca la creciente distancia entre el presidente y Edmand Lara, quien desde plataformas digitales como TikTok ha cuestionado abiertamente las decisiones del mandatario y su gabinete. Este enfrentamiento refleja una dinámica política compleja dentro del propio oficialismo o entre sectores afines al gobierno. A pesar de las críticas públicas lanzadas por Lara e incluso su autoproclamación como opositor dentro del espacio gubernamental, Rodrigo Paz ha optado por mantener una postura mesurada sin responder directamente a estas provocaciones mediáticas. En declaraciones recientes enfatizó que prefiere concentrarse en su trabajo junto a la ciudadanía en lugar de involucrarse en disputas personales o mediáticas.

En síntesis, estos primeros tres meses bajo el liderazgo de Rodrigo Paz han estado marcados por importantes desafíos pero también por avances significativos tanto en materia económica como diplomática. La estabilización del tipo de cambio paralelo y la mejora en los precios y disponibilidad del combustible son señales claras hacia una recuperación económica sostenida tras años difíciles. A nivel internacional, el restablecimiento del vínculo con Estados Unidos representa un cambio estratégico relevante que podría influir positivamente en el desarrollo futuro del país. Sin embargo, las tensiones políticas internas evidencian que aún quedan retos importantes para consolidar una gestión cohesionada y eficaz que responda plenamente a las expectativas ciudadanas luego de un período tan convulso para Bolivia

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