La ministra de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía, Cinthya Yáñez, enfatizó el profundo valor cultural que representan las danzas tradicionales del Carnaval de Oruro, calificándolas como un patrimonio vivo del pueblo boliviano. En su declaración, destacó cómo estas manifestaciones artísticas no solo fortalecen la identidad nacional, sino que también preservan la historia y fomentan el orgullo de los bolivianos por sus raíces culturales.

Este reconocimiento cobra especial relevancia en el marco de una celebración que ha sido declarada por la UNESCO como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. La distinción internacional resalta la importancia global de esta festividad y refuerza el compromiso del Estado boliviano para proteger y difundir estas expresiones culturales. En esta ocasión, el presidente Rodrigo Paz estuvo presente en el evento junto a la primera dama, María Elena Urquidi. La participación de ambos en la fiesta cultural fue significativa, no solo por su presencia institucional sino también por su interacción cercana con los bailarines, quienes transmitieron un ambiente de alegría y entusiasmo. El mandatario incluso se sumó a la música tocando los platillos, gesto que evidencia su conexión con las tradiciones populares.

En sus declaraciones a la prensa, el presidente Paz subrayó que el Carnaval de Oruro representa la diversidad cultural del país y es una muestra clara de cómo estas manifestaciones pueden servir para unir a los bolivianos. Resaltó que proteger y promover esta cultura es fundamental para fortalecer la imagen de Bolivia en el ámbito internacional. Para él, esta festividad es una plataforma idónea para mostrar al mundo la riqueza cultural del país. Además, compartió un aspecto personal al revelar que durante quince años participó activamente en las danzas típicas como caporales y morenada en Oruro. Este año no pudo acompañar a los danzarines debido a una lesión en la rodilla, lo cual refleja su compromiso continuo con esta tradición.

Por su parte, la ministra Yáñez hizo hincapié en la necesidad de promover danzas emblemáticas como la diablada, morenada, caporales y t’inku frente a cualquier intento por desconocer su identidad y origen auténtico. Su discurso apuntó hacia una defensa activa del folklore boliviano como un tesoro cultural invaluable que debe ser resguardado desde el Estado. Señaló que preservar este patrimonio implica una labor constante para asegurar que estas expresiones tradicionales sean difundidas respetando su contexto histórico original.

La ministra explicó además que esta labor no solo responde a una política gubernamental sino también a un principio de justicia cultural. Este enfoque busca proteger las manifestaciones folclóricas contra cualquier forma de apropiación o descontextualización indebida, garantizando que cada símbolo conserve su significado y relevancia dentro del imaginario colectivo boliviano. Enfatizó que más allá del marco legal es esencial que estas tradiciones sean custodiadas con respeto y cariño por parte de quienes forman parte directa o indirecta de ellas.

Finalmente, Yáñez destacó que celebrar el patrimonio cultural constituye la mejor manera de defenderlo. Subrayó que mantener viva esta riqueza cultural debe ser motivo de orgullo para toda Bolivia y convertirse en un legado protegido tanto por normativas estatales como por el compromiso emocional y social de sus ciudadanos. De este modo, tanto autoridades como población contribuyen conjuntamente a fortalecer las raíces culturales nacionales y proyectarlas hacia futuras generaciones con un sentido auténtico y renovado

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