Después de más de veinte años en los que el turismo fue relegado en la agenda económica nacional, Bolivia ha iniciado una etapa decisiva de reactivación del sector, con un conjunto de medidas estratégicas orientadas a reposicionar al país en el escenario internacional y a dinamizar el mercado interno. Este renovado impulso se manifiesta en seis acciones concretas que buscan no solo aumentar la llegada de visitantes extranjeros, sino también fomentar el turismo doméstico y fortalecer sectores vinculados como la gastronomía y la cultura.
El Ministerio de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía, bajo la dirección de Cinthia Yañez, ha adoptado un enfoque integral que combina la promoción turística con la valorización cultural y gastronómica. La creación del Viceministerio de Gastronomía es una novedad mundial que refleja la intención de articular diferentes dimensiones del patrimonio nacional para ofrecer una experiencia turística más completa y diferenciada. La ministra destacó que estas acciones responden a una visión presidencial clara: proyectar a Bolivia en el mundo y atraer al mundo hacia Bolivia.
Actualmente, los sectores culturales, turísticos y gastronómicos contribuyen aproximadamente con un 4% al Producto Interno Bruto (PIB) del país. Sin embargo, las autoridades tienen como objetivo ambicioso duplicar esta cifra en el mediano plazo, alcanzando entre un 8% y 9%, lo cual implicaría un impacto significativo en términos económicos y sociales. Desde el sector privado, representado por la Cámara Boliviana de Turismo (Cabotur), se reconoce esta meta como un desafío clave que requiere transformar esta etapa inicial en una política sostenida. La Mesa Ejecutiva de Turismo estima que una inversión cercana a los tres mil millones de dólares podría generar hasta 300.000 empleos directos e indirectos a nivel nacional, evidenciando el potencial del turismo como motor económico.
Uno de los pilares fundamentales para reposicionar Bolivia es la construcción participativa de su nueva Marca País 2026. Este proceso comenzó oficialmente a finales del año pasado y está concebido para reflejar no solo la identidad cultural boliviana sino también sus atractivos turísticos y su proyección internacional. La particularidad de este proyecto radica en su carácter inclusivo: se desarrolla mediante consultas con comunidades locales, actores privados y expertos en destinos turísticos clave, asegurando que la imagen proyectada sea auténtica y representativa. Se espera que esta marca sirva como herramienta estratégica para atraer inversiones y visitantes extranjeros a partir del segundo semestre del año próximo.
En línea con esta apertura internacional, el Gobierno eliminó progresivamente el requisito de visa para ciudadanos provenientes de países tan diversos como Corea del Sur, Sudáfrica, Bulgaria, Malta, Rumania, Emiratos Árabes Unidos, Israel y Estados Unidos. Esta medida busca facilitar el ingreso al país e incentivar tanto el turismo como las inversiones en infraestructura turística. A poco más de dos meses desde su implementación, ya se observan señales positivas con anuncios preliminares de inversiones y visitas por parte de operadores internacionales interesados en explorar nuevas oportunidades dentro del territorio boliviano.
No obstante, desde Cabotur se subraya que eliminar barreras migratorias debe ir acompañado por mejoras sustanciales en la calidad del servicio al visitante. Capacitar al personal turístico para brindar una atención cálida y profesional es fundamental para consolidar una imagen positiva que invite a los turistas a regresar.
Para estimular el turismo interno —un componente esencial para consolidar un mercado sostenible— se aprobó un decreto supremo que establece nueve fines de semana largos durante 2026. Esta ampliación incluye feriados tradicionales como Corpus Christi o el Día de la Independencia extendidos estratégicamente para incentivar viajes dentro del país. Los primeros indicadores son alentadores: datos hoteleros muestran aumentos significativos en ocupación durante estos períodos festivos; por ejemplo, Santa Cruz reporta tasas cercanas al 90%. Además, solo durante el feriado inicial del año se generó un movimiento económico adicional cercano a los 400 millones de bolivianos, mientras que las expectativas para Carnaval son aún mayores.
El sector hotelero valora positivamente esta planificación anticipada pues permite organizar mejor la oferta turística y garantizar servicios adecuados ante una mayor demanda. Esta previsibilidad resulta clave para dinamizar no solo alojamientos sino también actividades complementarias.
Otro eje estratégico es potenciar la gastronomía como elemento central dentro de la experiencia turística nacional. El Viceministerio recién creado ha iniciado procesos piloto con certificaciones dirigidas a restaurantes destacados en ciudades como Oruro. Estas certificaciones buscan elevar estándares en calidad e higiene mientras fomentan el uso prioritario de insumos locales vinculados directamente con productores regionales. La articulación entre turismo y gastronomía permitirá ofrecer vivencias integrales que resalten tanto sabores tradicionales como innovaciones culinarias propias del país.
Desde Cabotur destacan este enfoque gastronómico como un factor diferenciador crucial para competir internacionalmente; ejemplos exitosos globales muestran cómo países han utilizado su cocina para fortalecer su atractivo turístico más allá del patrimonio histórico o natural.
En cuanto a conectividad aérea —un aspecto fundamental para facilitar el acceso— se ha programado una habilitación temporal para vuelos internacionales en aeropuertos regionales emblemáticos como Juan Mendoza (Oruro) y Oriel Lea Plaza (Tarija) durante una semana específica en febrero próximo. Esta iniciativa piloto pretende descentralizar las rutas aéreas actualmente concentradas principalmente en los grandes centros urbanos, buscando ampliar las opciones tanto para turistas nacionales como extranjeros.
Si bien este paso es valorado positivamente por actores turísticos que consideran necesario articular sistemas integrales combinando aerolíneas con transporte terrestre complementario, existen voces cautelosas desde el sector hotelero acerca de evaluar cuidadosamente qué rutas son sostenibles económicamente para evitar impactos negativos derivados de costos elevados o baja demanda.
Finalmente, Bolivia ha comenzado a implementar estrategias digitales innovadoras orientadas a posicionar su oferta turística mediante canales contemporáneos. Un ejemplo destacado es la llegada próxima al país del proyecto The Crazy Mile —integrado por influencers españoles reconocidos— cuyo recorrido por regiones andinas, amazónicas y destinos culturales busca generar difusión internacional enfocada especialmente hacia públicos europeos interesados en experiencias auténticas.
A pesar del inicio auspicioso marcado por estas seis medidas principales —la Marca País 2026; eliminación progresiva visas; ampliación feriados; certificación gastronómica; habilitación aeropuertos regionales; estrategia digital— persisten desafíos importantes por resolver. Entre ellos destaca consolidar políticas claras sobre cielos abiertos que permitan mayores frecuencias aéreas a tarifas competitivas; superar conflictos sociales recurrentes cuya persistencia afecta negativamente cualquier intento serio por desarrollar sectores productivos; mejorar regulaciones frente a informalidad creciente especialmente vinculada a plataformas digitales tipo alojamiento compartido; ampliar facilidades crediticias para modernización e innovación empresarial; así como fortalecer mecanismos estadísticos confiables basados en datos migratorios e indicadores turísticos que permitan medir avances reales.
En síntesis, Bolivia ha dado pasos firmes hacia una transformación profunda del sector turístico tras años relegados al margen económico nacional. Este proceso busca no solo captar mayor flujo turístico sino potenciar toda una cadena productiva capaz de generar empleo formalizado e ingresos sostenibles distribuidos territorialmente mediante políticas integrales intersectoriales donde cultura y gastronomía juegan roles protagónicos dentro del posicionamiento global esperado hacia 2026. El éxito dependerá ahora de mantener continuidad política acompañada por alianzas público-privadas sólidas capaces de superar obstáculos estructurales históricos acumulados durante décadas sin atención prioritaria al turismo nacional e internacional
