Entre 2001 y 2024, el departamento de Tarija ha experimentado un notable avance en la asistencia escolar, reflejado en un incremento sustancial que ha llevado la tasa de asistencia del 80% al 94%. Este progreso representa un salto cualitativo significativo en la inclusión educativa de niños, niñas y adolescentes de entre 4 y 17 años, consolidando una cobertura cercana a la universalidad en los niveles primario y secundario. Sin embargo, este logro no es homogéneo ni exento de desafíos, pues persisten brechas importantes especialmente en el nivel inicial y en las zonas rurales, así como ciertas vulnerabilidades municipales.
Los datos oficiales recopilados a partir de los censos realizados en 2001, 2012 y el más reciente de 2024 permiten trazar una evolución clara del sistema educativo en Tarija. La tasa global de asistencia alcanzó un histórico 94.58% en 2024, con una curva ascendente que muestra mejoras constantes desde el año 2001, cuando apenas superaba el 80%, y un avance intermedio significativo para 2012 con más del 90%. Este aumento evidencia políticas educativas efectivas y un compromiso creciente por parte de las comunidades para garantizar el acceso a la educación formal. No obstante, al analizar con mayor detalle los datos desagregados por edad y ubicación geográfica se identifican debilidades que requieren atención prioritaria.
El mayor reto radica actualmente en la educación inicial para niños entre 4 y 5 años. Mientras que los niveles de primaria (6 a 11 años) y secundaria (12 a 17 años) presentan tasas sobresalientes, con más del 98% y alrededor del 92% respectivamente, la asistencia en preescolar apenas alcanza el 81.96%. Esto significa que casi dos de cada diez niños en edad preescolar no están integrados al sistema educativo formal. Aunque esta cifra representa una mejora notable respecto al inicio del milenio, cuando menos de la mitad asistía regularmente (46.6%), aún queda un camino por recorrer para lograr la universalización efectiva desde los primeros años escolares.
Esta problemática se agrava cuando se diferencia por áreas urbanas y rurales. En la capital tarijeña y zonas urbanas adyacentes, la asistencia escolar es prácticamente plena con promedios superiores al 97%, mientras que en las comunidades rurales se observa una desaceleración preocupante. En estas zonas más alejadas, uno de cada cuatro niños pequeños no asiste a la escuela; la tasa cae hasta un preocupante 75.9%. Esta brecha territorial también se replica en secundaria: mientras que el acceso supera el 97% en ámbito urbano, solo alcanza un promedio del 88.5% rural. Aunque esta diferencia ha disminuido respecto a hace dos décadas, sigue representando una barrera significativa que condiciona las oportunidades educativas y futuras posibilidades laborales o sociales para quienes habitan fuera de los centros urbanos.
Al examinar las particularidades municipales dentro del departamento, surgen focos críticos como Yunchará y Uriondo donde las cifras indican rezagos notables. En Yunchará apenas algo más del 60% de los niños preescolares asiste a clases, situación alarmante si se considera que este nivel es fundamental para el desarrollo cognitivo temprano. Por otro lado, Uriondo enfrenta dificultades principalmente entre adolescentes: más del quince por ciento de jóvenes entre doce y diecisiete años están fuera del sistema educativo formal. Estos municipios contrastan con otros como Bermejo, Yacuiba o Caraparí donde las tasas globales superan largamente el noventa por ciento.
En cuanto a la deserción escolar general departamental durante la gestión educativa correspondiente al año siguiente al último censo (2025), los indicadores muestran estabilidad dentro de parámetros históricos pese a las preocupaciones iniciales vinculadas a la crisis económica nacional. La tasa media de abandono escolar no experimentó incrementos significativos ni superiores a los registros previos. Sin embargo, se detecta que gran parte del abandono está asociado a procesos migratorios familiares hacia países vecinos como Argentina y Chile en busca de mejores oportunidades laborales o condiciones de vida, lo cual impacta directamente sobre las comunidades locales especialmente vulnerables.
Otro aspecto relevante es la reducción progresiva de brechas por género observada en Tarija. En términos generales, niñas y niños presentan tasas muy similares de asistencia escolar con una ligera ventaja para las primeras (94.8% frente a 94.4%). Sin embargo, esta paridad se resquebraja levemente en áreas rurales durante la adolescencia donde las jóvenes asisten menos que sus pares masculinos (85.6% contra el 87.1%). Esta diferencia aunque pequeña puede estar relacionada con factores socio-culturales que aún afectan a las mujeres jóvenes como trabajo doméstico no remunerado, embarazo adolescente o responsabilidades familiares tempranas que obstaculizan su continuidad educativa.
Por otra parte, desde la Dirección Departamental de Educación se resalta también un bajo índice de reprobación durante la gestión escolar analizada: solo un poco más del uno por ciento (1.25%) del total estimado para graduarse perdió el año académico correspondiente a sexto de secundaria. Este dato indica un buen rendimiento general dentro del sistema formal educativo e invita a pensar que los esfuerzos centrados en retención escolar tienen resultados positivos.
No obstante este panorama alentador local contrasta con percepciones nacionales sobre el sistema educativo boliviano reflejadas en estudios recientes realizados mediante encuestas ciudadanas. Según estos informes públicos divulgados poco después del último periodo escolar registrado aquí analizado, solo un pequeño porcentaje califica positivamente al sistema educativo nacional mientras casi la mitad lo valora negativamente o con opiniones neutrales e indecisas sobre su calidad real o impacto social. Además existe inquietud entre amplios sectores sobre posibles aumentos futuros en deserción escolar debido principalmente a condiciones socioeconómicas adversas.
En conclusión, aunque Tarija presenta avances significativos hacia una educación inclusiva cercana a universalizarse especialmente entre estudiantes mayores y zonas urbanas consolidadas; persisten desafíos estructurales vinculados al acceso temprano a educación inicial y desigualdades territoriales marcadas entre lo rural y lo urbano; además existen preocupaciones puntuales relativas al impacto migratorio sobre permanencia escolar y brechas sutiles pero reales relacionadas con género durante períodos críticos como la adolescencia rural. Estos elementos configuran un escenario complejo donde los logros alcanzados deben ser acompañados por políticas focalizadas e inversión continua para superar obstáculos persistentes que limitan plenamente el derecho fundamental a educación para todos los habitantes del departamento tarijeño
