El reciente y marcado incremento en la cotización del dólar en el mercado paralelo, que llegó a aproximarse a los 20 bolivianos, ha puesto de manifiesto la urgencia de abordar diversos desafíos económicos. Ante esta situación, desde el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), su Gerente General, Gary Rodríguez, ha planteado una serie de medidas consideradas esenciales para estabilizar el panorama.
Rodríguez subrayó que el ascenso del tipo de cambio no es un fenómeno aislado, sino que coexiste con el aumento de los costos de producción y los precios generales, generando una creciente inquietud y falta de certidumbre en la población. Atribuyó esta coyuntura a una combinación de factores estructurales, incluyendo el persistente déficit fiscal, la disminución de las reservas internacionales netas, la contracción de las exportaciones y una elevada dependencia de la importación de combustibles, cuyo pago requiere divisas. En este contexto, se enfatizó que la dinámica económica trasciende la mera estadística, incorporando un componente psicológico crucial que demanda señales positivas para catalizar la recuperación.
Se identificaron dos grandes demandantes de dólares en la economía nacional: el sector público, principalmente para la adquisición de combustibles vitales para la producción y la vida cotidiana, y el sector privado, que necesita divisas para importar insumos, bienes de capital, equipos y, recientemente, también combustibles.
Para contrarrestar la escalada del dólar y sus efectos, el IBCE delineó cuatro áreas de acción prioritarias. En primer lugar, se considera indispensable agilizar la aprobación de créditos externos pendientes en la Asamblea Legislativa Plurinacional, particularmente aquellos destinados a asegurar el suministro regular de combustibles, especialmente diésel, fundamental para el aparato productivo.
Asimismo, se instó a la liberación total de las exportaciones. Se hizo notar que restricciones como la aplicada a la carne, que lleva más de dos meses, limitan significativamente el ingreso de dólares al país, afectando lo que se describió como el sueldo del país y generando un impacto negativo en el empleo. Una tercera propuesta se centra en facilitar la producción y la exportación mediante la coordinación efectiva entre las diversas instituciones estatales involucradas, buscando optimizar los procesos y, consecuentemente, incrementar el flujo de divisas.
Finalmente, se planteó la necesidad de establecer una agenda público-privada con acciones contundentes e inmediatas. Se argumentó que las señales son determinantes para la confianza, y que esta agenda debe fundamentarse en tres pilares de seguridad: jurídica, de mercado y de políticas públicas consistentes que impulsen la productividad y la competitividad.
Se concluyó señalando que tanto los agentes económicos como el ciudadano común basan sus decisiones en expectativas, fuertemente influenciadas por el contexto político. Por ello, para recuperar la confianza en la moneda nacional y desalentar la búsqueda de refugio en el dólar, es imperativo aumentar drásticamente la disponibilidad de divisas en el mercado, lo cual contribuiría a mitigar la inflación asociada a su escasez
