Joaquín Monasterio se erige hoy como una de las figuras más prometedoras en el panorama técnico del fútbol boliviano. Su ascenso ha sido meteórico, desde sus inicios en las categorías formativas hasta ocupar el banquillo de uno de los clubes más grandes del país, The Strongest, tras una notable trayectoria que incluyó un sorpresivo paso por la Copa Libertadores. Su ambición final, según ha manifestado, es algún día liderar a la selección nacional.
La carrera de Monasterio abarca prácticamente todas las facetas del fútbol. Su incursión en la dirección técnica comenzó hace una década en el fútbol base de Oriente Petrolero. Estos desafíos, que progresaron de menor a mayor exigencia, le brindaron una invaluable experiencia y un profundo conocimiento del entorno futbolístico nacional, elementos clave para consolidar su trayectoria profesional. Al comparar la gestión de jugadores en divisiones menores con el ámbito profesional, Monasterio subraya que ambas etapas poseen objetivos distintos. Sin embargo, en el fútbol de élite, la presión por los resultados es considerablemente mayor. Todas sus experiencias previas, asegura, fueron la preparación fundamental para asumir las responsabilidades en la primera división.
Su debut al frente de Oriente Petrolero se dio en un contexto complejo. Como entrenador de la reserva, la posibilidad de asumir el primer equipo siempre estuvo latente en momentos de dificultad. Aunque el momento y las condiciones eran inciertos, el cuerpo técnico se mantuvo preparado. A pesar de las circunstancias adversas, el equipo buscó siempre el mejor desempeño. Su etapa en Oriente tuvo un inicio prometedor, logrando consolidar una propuesta de juego que llevó al equipo a ocupar el tercer lugar en la tabla. No obstante, una huelga de 25 días por deudas salariales impactó negativamente en el plantel, haciendo imposible mantener la dinámica y la intensidad inicial. Deportivamente, Monasterio percibió que el equipo tenía potencial para más, pero la inestabilidad institucional fue un factor determinante. Las deudas pendientes con la institución son un hecho público, y se espera una pronta solución y respuesta oficial.
El arribo a San Antonio de Bulo Bulo se produjo de manera inesperada y veloz, apenas tres semanas después de su salida de Oriente. La propuesta lo sorprendió, dado que el club ya contaba con un entrenador. Sin embargo, el reto era mayúsculo: preparar al equipo en tan solo diez días para su debut en la Copa Libertadores. Conscientes de no ser favoritos, la confianza en el trabajo del cuerpo técnico fue la base de una experiencia que resultó exitosa tanto para el club como para Monasterio y su equipo. San Antonio se convirtió en una de las revelaciones del torneo continental. A pesar de ser considerado inicialmente el equipo más débil de su grupo, el compromiso del plantel fue absoluto. Dos victorias cruciales en casa permitieron al club clasificar a la Copa Sudamericana, marcando un hito inolvidable para una institución debutante. Durante esta etapa, Monasterio tuvo la oportunidad de conversar con Martín Palermo, entonces técnico de Olimpia, quien lo felicitó por la campaña en un encuentro breve y cordial. Enfrentar a una figura que admiraba como jugador, ahora en su rol de entrenador, fue una experiencia significativa.
Posteriormente, la oportunidad de dirigir a The Strongest se presentó como un salto natural en su carrera. La llamada llegó tras finalizar su vínculo con San Antonio, y la propuesta fue considerada irrenunciable. Liderar una de las instituciones más grandes del país representa un motivo de orgullo para el entrenador. El inicio del equipo bajo su dirección fue auspicioso, con varias victorias consecutivas, aunque los resultados recientes han mostrado un declive. Monasterio enfatiza que el fútbol no es un camino lineal, y tanto jugadores como equipos experimentan altibajos. Las dos derrotas recientes, aunque dolorosas, son parte del proceso. El cuerpo técnico realiza una autocrítica constante y trabaja en la corrección de errores. Con un tercio del torneo aún por disputarse, el equipo mantiene la autonomía en su destino y la determinación de luchar hasta el final.
Respecto a la relación con la dirigencia, en un contexto de problemas salariales, Monasterio reconoce la delicadeza del tema. Las dificultades institucionales tienen un impacto, pero el enfoque se mantiene en lo deportivo. Para alcanzar el éxito, se requiere la unión de jugadores, cuerpo técnico y directiva. Aunque la situación influye en el grupo, el profesionalismo prevalece. La convicción de que The Strongest puede ser campeón este año es firme. A pesar de la dificultad del desafío, la ilusión del título se mantiene intacta.
Un incidente particularmente grave ocurrió durante el partido contra Blooming, donde el equipo fue blanco de un ataque con pirotecnia. Monasterio describió el suceso como una locura sin precedentes, que incluso puso en riesgo la integridad de los propios jugadores. Afortunadamente, no hubo consecuencias mayores, pero el momento fue de extrema gravedad. A pesar de ello, el grupo mantuvo su fortaleza y sus objetivos claros, con la esperanza de que un hecho así no se repita. El mensaje a la hinchada atigrada es de gratitud y solicitud de apoyo continuo, destacando que el equipo se entrega por completo en la cancha, a pesar de las adversidades, y que su aliento es fundamental.
En cuanto a sus referentes en la dirección técnica, Monasterio expresa una profunda admiración por Pep Guardiola y Marcelo Bielsa. Constantemente lee, investiga y sigue de cerca sus metodologías, considerándolos técnicos que han marcado una era y de quienes siempre se puede aprender. Sobre la vida privada de los jugadores, su postura es clara: no se considera un vigilante ni le corresponde controlar sus actividades las 24 horas del día. Sin embargo, mantiene un diálogo constante con ellos, enfatizando la importancia de ser conscientes de cómo su vida pública puede influir en su rendimiento y en su imagen profesional.
La percepción de Monasterio sobre el profesionalismo del jugador boliviano es de una notable mejora. Observa un mayor cuidado en la alimentación, el descanso y la realización de entrenamientos adicionales, prácticas que antes no eran tan comunes. Si bien aún falta consolidar estructuras en el fútbol nacional, percibe una evolución positiva en la mentalidad del futbolista.
El sueño de dirigir a la selección nacional es una aspiración natural para cualquier entrenador. Monasterio reconoce que actualmente la selección está en buenas manos, con un cuerpo técnico nacional que conoce el medio, lo cual celebra como una apertura de caminos para los entrenadores bolivianos. Mantiene una gran fe en que Bolivia pueda superar el repechaje y clasificar al Mundial, considerándolo la mejor oportunidad en mucho tiempo.
Finalmente, sobre un posible retorno de Marcelo Martins a la selección, Monasterio reconoce el enorme vacío que dejó el delantero, quien fue el más importante del país en la última década. Considera que los actuales atacantes necesitan confianza para consolidarse. La decisión sobre un eventual regreso de Martins recaería en el cuerpo técnico, quien debería evaluar su actualidad futbolística, ya que entrenar no es lo mismo que competir. Aunque Martins es un referente, cada etapa tiene su final, si bien nunca se puede descartar por completo a una figura de su calibre
