El presidente interino de Perú, José Jerí, se encuentra en una situación política sumamente delicada a menos de dos meses de las elecciones generales en el país andino. A sus 38 años, Jerí asumió la Presidencia el pasado 10 de octubre tras la destitución de Dina Boluarte, quien a su vez había reemplazado al encarcelado expresidente Pedro Castillo. Este encadenamiento de cambios en la jefatura del Estado refleja una etapa de inestabilidad política profunda en Perú, que ha experimentado siete presidentes en apenas diez años.

Jerí, un abogado formado políticamente en el partido derechista Somos Perú, llegó al Congreso en 2021 con un escaso respaldo electoral, obteniendo apenas 11.600 votos. Su carrera parlamentaria fue rápida y ascendente: pasó de ser un congresista sin gran protagonismo a presidir importantes comisiones legislativas y finalmente ocupar la presidencia del Congreso. Desde esa posición accedió a la Presidencia del país, inicialmente con un mandato transitorio que ha estado marcado por diversas polémicas que han erosionado su imagen pública y generado desconfianza entre amplios sectores políticos y sociales.

Desde sus primeros días como presidente interino, Jerí enfrentó acusaciones graves que han contribuido a su desgaste político. Una denuncia por violación supuestamente ocurrida a finales del año anterior fue archivada por el fiscal general interino semanas antes de que Jerí fuera elegido presidente del Congreso. Además, fue señalado por presunto enriquecimiento ilícito, acusado de haber cobrado dinero para impulsar proyectos legislativos durante su gestión como presidente de la Comisión de Presupuesto. Estas acusaciones afectan directamente a su credibilidad y ponen en entredicho la integridad con la que ha manejado sus responsabilidades públicas.

Las controversias no se limitaron a cuestiones legales sino que también trascendieron hacia aspectos personales y conductas cuestionables en redes sociales. Sus antiguos tuits exhibían una predilección explícita por temas relacionados con el sexo y las mujeres, mientras que en Instagram seguía numerosos perfiles femeninos con imágenes sugestivas. Estos detalles fueron ampliamente difundidos y contribuyeron a moldear una imagen pública controversial y poco acorde con las expectativas hacia un jefe de Estado.

En un intento por distanciarse de su antecesora Boluarte, quien fue destituida bajo la acusación de “incapacidad moral” para enfrentar el crimen organizado —la principal preocupación ciudadana para estas elecciones— Jerí adoptó un estilo autoritario inspirado en los modelos políticos de Nayib Bukele en El Salvador y Daniel Noboa en Ecuador. Implementó reformas al sistema penitenciario y desplegó intervenciones policiales donde se mostraba a los presos sometidos públicamente, además decretó estados de emergencia para combatir las bandas criminales. Estas medidas le permitieron alcanzar una popularidad superior al 50 % durante las primeras semanas al frente del Ejecutivo.

Sin embargo, esta imagen positiva se desmoronó rápidamente cuando se revelaron encuentros semiclandestinos con empresarios chinos vinculados al Estado y contratistas oficiales. Destacó especialmente su visita encapuchada a un restaurante peruano-chino propiedad de Zhihua ‘Johnny’ Yang la noche del 26 de diciembre, así como otra visita a una tienda clausurada horas antes por autoridades municipales. Estos hechos generaron sospechas sobre posibles manejos irregulares y favorecimientos indebidos hacia ciertos sectores empresariales.

Además, surgieron denuncias sobre contrataciones polémicas dentro del Gobierno, donde varias funcionarias fueron incorporadas tras haber tenido reuniones privadas con Jerí en Palacio de Gobierno. Uno de estos episodios llamó particularmente la atención cuando se supo que una funcionaria pasó toda la noche de Halloween dentro del palacio presidencial para salir únicamente al día siguiente por la mañana. Esta serie de irregularidades alimentó aún más el rechazo político hacia Jerí.

Frente a este escenario conflictivo y ante la cercanía electoral prevista para el 12 de abril, los partidos parlamentarios han buscado marcar distancia respecto al presidente interino para proteger sus propias aspiraciones electorales. La acumulación constante de escándalos y cuestionamientos ha debilitado notablemente su posición política dentro del Congreso, donde este martes deberá enfrentar varias mociones de destitución que podrían poner fin anticipadamente a su mandato transitorio.

La crisis política actual refleja no solo las dificultades personales e institucionales que enfrenta José Jerí sino también la profunda inestabilidad política que afecta al Perú desde hace años. La sucesión acelerada e irregular en el poder ejecutivo genera incertidumbre entre los ciudadanos peruanos justo cuando se acercan unos comicios fundamentales para definir el rumbo político futuro del país. La lucha contra el crimen organizado permanece como uno de los temas prioritarios para los electores, mientras los actores políticos buscan consolidar posiciones en medio del desgaste generalizado provocado por escándalos constantes y cuestionamientos éticos sobre quienes ocupan cargos públicos. En este contexto complejo e incierto transcurre el último tramo del gobierno interino encabezado por José Jerí

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