La reciente muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido en el mundo del narcotráfico como ‘El Mencho’, ha generado un cambio significativo en la estructura de los criminales más buscados por la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA). Este acontecimiento no solo marca el fin de una era en la persecución de uno de los narcotraficantes más notorios, sino que también provoca una reconfiguración inmediata en la lista que prioriza a los delincuentes vinculados con el tráfico ilícito de drogas a nivel internacional.

Con la eliminación del primer lugar que hasta ahora ocupaba ‘El Mencho’, el uruguayo Sebastián Enrique Marset Cabrera se perfila para ascender al tercer puesto en esta lista una vez que la DEA oficialice su actualización. Este cambio no es menor, pues coloca a Marset como uno de los criminales más vigilados y perseguidos por las autoridades estadounidenses. Actualmente, Estados Unidos ofrece una recompensa de dos millones de dólares por cualquier información que permita su localización y captura, reflejo del nivel de amenaza que representa dentro del entramado del narcotráfico regional e internacional.

Sebastián Marset no es un desconocido para las fuerzas de seguridad. Su perfil criminal está marcado por una amplia red de operaciones ilícitas que trascienden fronteras. Está acusado principalmente por lavado de activos ante la Justicia estadounidense, mientras que en países como Bolivia y Paraguay enfrenta procesos judiciales relacionados con narcotráfico. Estas imputaciones evidencian su rol como un nexo fundamental en estructuras transnacionales dedicadas a la distribución y comercialización ilegal de drogas.

El uruguayo es considerado el líder del denominado Primer Cartel Uruguayo (PCU), una organización criminal responsable de coordinar rutas para el tráfico de cocaína desde Sudamérica hacia Europa y otros mercados internacionales. Esta red refleja un alto grado de sofisticación logística y financiera, lo que explica el interés constante y creciente de las autoridades internacionales para desarticular sus operaciones.

Su perfil se ha consolidado como uno de los más peligrosos en Bolivia, donde es señalado como el narcotraficante más buscado. Además, está requerido no solo por Estados Unidos sino también por las justicias de Uruguay, Paraguay y Brasil, lo que demuestra la amplitud geográfica e impacto regional que tiene su actividad criminal.

Un antecedente relevante en su trayectoria judicial ocurrió en octubre de 2022 durante el megaoperativo conocido como A Ultranza Py. En esa ocasión, la Justicia uruguaya emitió una orden internacional para su captura con fines extradicionales. Este operativo fue catalogado como uno de los golpes más contundentes contra el crimen organizado y el lavado dinero en Paraguay, liderado por el fiscal Marcelo Pecci, quien tristemente fue asesinado en Colombia meses después. Aunque Marset ha sido mencionado como un posible autor intelectual detrás del asesinato del fiscal Pecci, hasta ahora no se le han imputado cargos formales relacionados con este crimen.

En paralelo con estas investigaciones y acciones judiciales, se han intensificado las medidas contra su entorno cercano. Recientemente, la esposa del capo fue trasladada a una cárcel de máxima seguridad bajo estrictos protocolos especiales debido al avance significativo en las investigaciones regionales sobre la estructura financiera y logística vinculada a Marset. Esta medida forma parte del esfuerzo coordinado entre países sudamericanos para desmantelar las redes asociadas al narcotráfico transnacional.

La muerte ‘El Mencho’ también implica cambios inmediatos en los primeros lugares del ranking global elaborado por la DEA. El hondureño Yulian Andony Archaga Carias, alias ‘Porky’, asumirá el primer puesto con una recompensa ofrecida por cinco millones dólares; mientras tanto, Jesús Alfredo Guzmán-Salazar – hijo del célebre Joaquín “El Chapo” Guzmán – mantiene el segundo lugar con una recompensa aún mayor fijada en diez millones dólares.

En este contexto global donde las organizaciones criminales evolucionan constantemente, la ascensión de Sebastián Marset al tercer lugar entre los narcotraficantes más buscados refleja tanto su creciente influencia dentro del tráfico internacional como la prioridad que le otorgan las agencias estadounidenses para lograr su detención. Este movimiento dentro del listado es indicativo también del enfoque renovado e intensificado en la lucha hemisférica contra estos grupos ilícitos que operan desde América Latina hacia diversas regiones del mundo.

La relevancia pública e institucional sobre este caso radica no solo en el impacto directo sobre las estructuras criminales sino también en la respuesta coordinada entre países afectados para frenar estas actividades ilegales. La presión internacional sobre figuras clave como Marset busca debilitar los cimientos financieros y logísticos que sostienen al narcotráfico transnacional y reducir así sus efectos negativos sobre las sociedades involucradas. De esta forma, esta reconfiguración dentro del ranking más buscado por la DEA simboliza un paso importante dentro del combate global contra este flagelo

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