La Selección Nacional boliviana emprendió un largo viaje hacia Monterrey, ciudad que será testigo de una de las etapas más cruciales en la lucha por acceder a la Copa Mundial de 2026. Tras su reciente enfrentamiento contra Trinidad y Tobago, donde lograron una victoria contundente por 3-0, el plantel tomó rumbo hacia México con la determinación de continuar en la senda del éxito y alcanzar el anhelado regreso a la máxima cita del fútbol mundial.
La travesía no fue sencilla. Partiendo desde Santa Cruz, la delegación boliviana enfrentó un viaje que superó las diez horas, incluyendo escalas en Lima y Panamá antes de arribar finalmente a Monterrey. Este traslado prolongado implicó un desgaste físico para los jugadores y el cuerpo técnico, quienes ya se encuentran instalados en lo que han denominado su “búnker”, un centro deportivo integral que cuenta con cancha de juego, hotel y gimnasio, ubicado a aproximadamente 50 minutos del centro urbano. Este lugar será el epicentro de la última fase preparatoria antes del decisivo encuentro ante Surinam, programado para el 26 de marzo.
El partido contra Surinam representa una oportunidad clave para Bolivia, ya que de salir victoriosos avanzarán a enfrentar a Irak el 31 de marzo, en un duelo que podría definir su paso al Mundial. La concentración en este recinto deportivo permitirá al equipo afinar detalles tácticos y físicos mediante sesiones intensivas y partidos amistosos contra equipos sparrings aún por definir. La elección del lugar responde a la necesidad de aislarse de distracciones y crear un ambiente óptimo para la preparación enfocada en estos compromisos trascendentales.
La planificación logística ha sido meticulosa. El cuerpo técnico liderado por Óscar Villegas ha dispuesto que hasta el 23 de marzo el equipo permanezca en este centro deportivo. Posteriormente, los jugadores se trasladarán a un hotel cercano al estadio BBVA —conocido como el Gigante de Acero— escenario donde se disputarán los encuentros oficiales. Este estadio es además la casa del club Rayados de Monterrey, lo que añade un plus competitivo al ambiente en el que se desarrollará esta etapa clasificatoria.
En cuanto a la conformación del plantel, la delegación boliviana ha ido incrementando sus integrantes conforme avanzan las fechas y llegan los futbolistas desde sus respectivos clubes internacionales. En esta jornada se sumaron Diego Medina, quien milita en CSKA 1948 Sofía (Bulgaria), y Leonardo Zabala, proveniente del Cancún FC (México). A estos se unirán próximamente otros jugadores como Moisés Paniagua y Ramiro Vaca desde Widad (Marruecos), Enzo Monteiro desde Chungbuk Cheongju FC (Corea del Sur), Gabriel Villamil desde LDUQ (Ecuador), Efraín Morales desde Montreal (Canadá), además de Roberto Fernández y Yomar Rocha desde Akron Tolyatti (Rusia). Miguel Terceros también estará disponible tras ser liberado por Santos FC (Brasil) durante el fin de semana.
El proceso gradual de incorporación busca fortalecer al equipo con talento disperso por distintas ligas internacionales, permitiendo contar con una plantilla competitiva y equilibrada para afrontar los desafíos venideros. Esta dinámica refleja tanto la globalización del fútbol boliviano como el compromiso institucional para reunir a los mejores exponentes nacionales.
Uno de los aspectos destacados durante esta etapa fue la inclusión del joven extremo cruceño Guilmar Centella, jugador del club Blooming. Su actuación destacada durante el segundo tiempo frente a Trinidad y Tobago fue valorada positivamente por el cuerpo técnico, lo que le permitió sumarse al grupo que viajó hacia Monterrey. A sus 20 años, Centella representa una apuesta fresca e ilusionante para el futuro inmediato del combinado nacional, simbolizando también una oportunidad para consolidar su proyección internacional dentro del contexto competitivo actual.
Tras arribar a su lugar de concentración, los jugadores realizaron una sesión liviana destinada a recuperar energías después del viaje prolongado y las exigencias físicas del último partido amistoso. La jornada siguiente retomarán las prácticas sobre el campo con trabajos más intensos orientados a pulir aspectos tácticos específicos bajo las indicaciones técnicas.
En síntesis, la Selección Nacional boliviana encara esta fase final previa al repechaje con una planificación rigurosa tanto en lo logístico como en lo deportivo. La combinación entre jugadores experimentados y jóvenes talentos apunta a construir un equipo sólido capaz de superar las adversidades que implica disputar partidos decisivos fuera del país. La expectativa está centrada no solo en lograr resultados positivos inmediatos sino también en sentar bases firmes para futuras participaciones internacionales.
La importancia social y deportiva que reviste este proceso es significativa para Bolivia. Representa una oportunidad única para revivir momentos históricos dentro del fútbol nacional y motivar tanto a jugadores como aficionados con un proyecto ambicioso que trasciende lo meramente competitivo. El compromiso institucional reflejado en cada detalle evidencia una intención clara: llevar al país nuevamente a uno de los escenarios más prestigiosos del deporte mundial mediante esfuerzo colectivo, disciplina y talento emergente
