Una alarmante ola de mortalidad bovina, atribuida a un brote de clostridiosis, está afectando gravemente las operaciones ganaderas en Tarija. La enfermedad ha impactado principalmente a la región del Chaco, aunque su propagación ya se extiende a otras áreas productivas.
Según los informes oficiales, las pérdidas en la región del Chaco son significativas. Datos recabados por el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag) indican que entre 600 y 700 cabezas de ganado han perecido hasta la fecha, y la enfermedad continúa su avance. La confirmación de clostridiosis como la causa de estas muertes se obtuvo tras el análisis de muestras recolectadas por el Senasag.
La clostridiosis, conocida también como carbunco, es una infección bacteriana grave que ataca el sistema nervioso del ganado vacuno, provocando una muerte súbita. Los animales afectados suelen presentar temblores, dificultad para mantenerse en pie o moverse, y una pérdida de apetito que agrava rápidamente su condición, llevándolos al deceso. La presencia de sangre en los orificios naturales es otro síntoma característico, y la enfermedad puede transmitirse por contacto directo entre animales.
La reaparición de esta enfermedad con tal virulencia se atribuye a la interrupción de las campañas de vacunación anuales. Durante varios años, el departamento de Tarija no había registrado casos significativos de clostridiosis, lo que llevó a muchos productores a omitir la inmunización preventiva. Esta falta de vacunación creó un escenario propicio para que la enfermedad resurgiera con fuerza, propagándose rápidamente y dificultando su contención. Expertos subrayan que la vacunación anual es la medida más eficaz para prevenir la enfermedad y minimizar la mortalidad. Una vez que un animal contrae la clostridiosis, el tratamiento es complejo, costoso y debe aplicarse individualmente, lo que refuerza la importancia de la prevención.
Aunque las cifras más detalladas provienen del Chaco, la mortalidad también se está registrando en otras provincias como O’Connor, Arce y Cercado. Sin embargo, aún no se dispone de una cuantificación precisa de las pérdidas a nivel departamental. Ante esta situación, se ha instado a las autoridades sanitarias a establecer cordones sanitarios en las zonas afectadas, vacunar al ganado y restringir su movimiento para evitar una mayor diseminación del brote.
El impacto económico para el sector ganadero es considerable. Con una población bovina estimada en unas 700,000 cabezas en Tarija, concentradas principalmente en el Chaco, Arce, O’Connor y Cercado, la actual crisis amenaza con una reducción significativa en la producción para el año 2025. Cada animal representa una inversión de entre 4,000 y 5,000 bolivianos. La pérdida de 600 cabezas en el Chaco, por ejemplo, se traduce en un perjuicio económico estimado en 240,000 bolivianos, afectando gravemente a los productores que abastecen tanto el mercado local como el nacional.
Existe una preocupación palpable entre los ganaderos por la aparente falta de apoyo de las autoridades, tanto a nivel departamental como nacional, para facilitar el acceso a vacunas. El incremento en el precio del dólar ha encarecido significativamente las vacunas importadas, dificultando su adquisición para los productores. Se había propuesto a la Gobernación la creación de un fondo ganadero rotatorio para asegurar la disponibilidad de vacunas contra enfermedades clave como la clostridiosis, la rabia y la fiebre aftosa, pero esta iniciativa no ha recibido respuesta.
Ante la creciente inquietud, se ha solicitado una reunión con las nuevas autoridades del Senasag, tanto a nivel nacional como departamental. El objetivo es conocer las medidas implementadas hasta el momento y definir las acciones futuras para prevenir la enfermedad en provincias donde aún no ha alcanzado una alta prevalencia
