Las intensas lluvias que azotaron el departamento cruceño dejaron a su paso un panorama devastador, con comunidades afectadas, viviendas destruidas y un elevado número de damnificados. Al menos seis municipios sufrieron las consecuencias de estos fenómenos naturales, agravados por la insuficiente infraestructura para contener el desborde del río Piraí y sus afluentes.
El 17 de noviembre, la localidad de Samaipata despertó cubierta de lodo y en medio de la desesperación. La persistente precipitación iniciada la noche anterior saturó los cerros, provocando un alud compuesto por lodo, palizada, piedras y otros escombros que arrasó con 23 comunidades. En Achira, las condiciones fueron críticas: la mayoría de los servicios básicos colapsaron, numerosas viviendas quedaron inundadas o destruidas, las rutas de acceso fueron bloqueadas y muchas familias enfrentaron la angustia por la desaparición de sus seres queridos.
La emergencia se profundizó con la ruptura del gasoducto OSSA 1 y el desplazamiento de grandes rocas que mantuvieron cerrada durante cinco días la carretera hacia los Valles cruceños, lo que dificultó la llegada de ayuda y dejó a varias comunidades incomunicadas.
Entre las víctimas se encuentran personas como Ramona Banegas, de 87 años, cuyo cuerpo fue encontrado 12 días después del desastre, y Verónica Eve Peña, de 20 años y embarazada de cinco meses, desaparecida tras ser arrastrada por la corriente junto a su esposo y sobrino. Aunque su esposo fue dado de alta y continuó con la búsqueda, Verónica no fue localizada.
En las semanas siguientes, otros municipios como El Torno, Colpa Bélgica, Porongo, Warnes y Montero también sufrieron severos daños. Cuatro de ellos declararon estado de desastre municipal. A nivel departamental, Santa Cruz emitió el Decreto N° 512, declarando el estado de desastre debido a las lluvias, crecidas, desbordes, inundaciones y deslizamientos que afectaron a numerosas comunidades.
En Colpa Bélgica, la fuerza del agua casi colapsó el puente principal, aislando al municipio y dejando sin servicio eléctrico a más de 1.500 familias. En El Torno, el impacto fue especialmente grave; el alcalde Hediberto Cuéllar señaló que la riada superó en magnitud a la ocurrida en 1983, lo que obligó a evacuar a varias familias por vía aérea y dejó incomunicadas a 11 comunidades.
Hasta el 23 de diciembre, el Comité de Operaciones de Emergencia Departamental (COED) reportó la recuperación de 26 cuerpos. Además, se registraron 600 familias damnificadas, 27 viviendas destruidas, 627 evacuaciones aéreas y 14 comunidades afectadas por el último desastre natural en la región.
Estos eventos evidencian la urgente necesidad de fortalecer la infraestructura de protección y los mecanismos de respuesta ante desastres para mitigar el impacto de futuras lluvias intensas en la zona
