En una jornada decisiva para la lucha por el liderato de la liga, el Real Madrid se desplazó hasta Pamplona con la intención de mantener su primera posición en la tabla. Sin embargo, el equipo blanco se encontró con un Osasuna que disputó cada minuto del encuentro con una entrega y convicción que terminaron por decantar el resultado en su favor. La derrota por 2-1 en El Sadar supone un duro golpe para el conjunto madrileño, que ahora ve peligrar su privilegiada posición ante un Barcelona que podría aprovechar este tropiezo para arrebatarle la cima.
Desde el inicio del partido, ambos equipos dejaron claro que no había espacio para especulaciones ni juego conservador. Con Dani Carvajal y David Alaba como titulares en el Madrid, los dos conjuntos salieron a disputar cada balón con intensidad y ritmo elevado. El Real Madrid llevó la iniciativa en los primeros minutos, controlando la posesión y presionando a un Osasuna bien organizado defensivamente y preparado para salir rápido al contraataque cuando se presentaba la oportunidad. Este planteamiento otorgó al encuentro una dinámica atractiva para los espectadores, con un desarrollo fluido que sin embargo tardó en traducirse en ocasiones claras de gol.
La primera acción destacada llegó a los 18 minutos cuando Vinicius intentó sorprender con un disparo flojo que fue detenido sin problemas por Herrera. La réplica local no tardó en llegar con Budimir probando suerte desde fuera del área, aunque su tiro se marchó ligeramente desviado. A partir de ese momento, las oportunidades comenzaron a acumularse. Osasuna aprovechó especialmente la banda izquierda para generar peligro, donde Carreras encontró dificultades defensivas ante las incursiones rivales, sobre todo porque Vinicius no ayudaba a cubrir esa zona en defensa. Esta situación permitió a los rojillos crear jugadas de mucho riesgo que pusieron a prueba los reflejos de Courtois.
El portero belga fue clave para evitar un autogol de Carreras y posteriormente se topó con el poste cuando Budimir estuvo cerca de anotar. En respuesta, el Real Madrid también mostró su capacidad ofensiva merced al talento individual de sus jugadores, pero se topó con otro muro bajo los palos: Herrera realizó paradas decisivas para mantener la esperanza local intacta.
El momento decisivo del primer tiempo llegó cerca del minuto 38 cuando Budimir transformó un penalti que inicialmente no había sido señalado por el árbitro. La jugada tuvo mucha polémica detrás: una falta de entendimiento entre Asensio y Courtois provocó que Budimir cayera en el área tras un contacto con el portero madridista. En primera instancia, el colegiado sancionó al delantero croata con tarjeta amarilla y no señaló la pena máxima. Sin embargo, tras revisar la acción mediante la asistencia del VAR, rectificó su decisión pitando penalti a favor de Osasuna y retirando la amonestación al jugador local. Este tanto puso por delante a los anfitriones justo antes del descanso y añadió presión sobre un Real Madrid que intentó reaccionar sin éxito frente a un inspirado Herrera.
En la segunda mitad, el equipo blanco salió decidido a voltear el marcador y mantuvo la posesión dominante durante largos tramos del juego. No obstante, sus ataques carecían de claridad y fluidez ante una defensa rojilla firme y ordenada. Osasuna aprovechaba cualquier oportunidad para lanzar rápidas transiciones ofensivas buscando ampliar su ventaja o sentenciar el duelo. La realidad era que mientras el desgaste físico comenzaba a pasar factura al conjunto visitante, los locales ganaban terreno y confianza.
Para intentar revertir la situación, el entrenador madridista Arbeloa introdujo cambios ofensivos como Brahim Díaz y Trent Alexander-Arnold buscando mayor dinamismo e inspiración en ataque. El esfuerzo dio frutos momentáneamente cuando Mbappé anotó aparentemente el empate en el minuto 70; sin embargo, esta acción fue anulada por fuera de juego tras revisión arbitral.
Finalmente fue Vinicius quien logró igualar las acciones poco después del minuto 73 tras aprovechar un centro preciso de Valverde que superó las marcas rivales dentro del área local. Este gol insufló ánimo al Real Madrid pero también provocó modificaciones inmediatas en Osasuna, como la salida de Víctor Muñoz.
Con todo aún abierto y ambos conjuntos buscando asegurar la victoria, se vivieron momentos tensos donde cada error podía resultar fatal. Y así sucedió para los blancos: una serie de desajustes defensivos culminaron en un gol decisivo firmado por Raúl García en tiempo añadido. Aunque inicialmente hubo dudas por posible fuera de juego señalado por uno de los asistentes, finalmente la tecnología semiautomática confirmó la validez del tanto rojillo.
Este resultado representa mucho más que tres puntos para Osasuna; es una demostración clara de su capacidad competitiva ante uno de los grandes favoritos al título y una inyección moral importante para sus aspiraciones deportivas. Para el Real Madrid supone una llamada de atención sobre sus carencias actuales: dependencia excesiva en individualidades, dificultades para generar juego colectivo efectivo ante defensas bien plantadas y vulnerabilidades defensivas capitalizadas por rivales determinados.
Con esta derrota inesperada lejos del Bernabéu y una clasificación ahora más ajustada que nunca, al Real Madrid le tocará reajustar estrategias si quiere conservar su liderazgo liguero frente a rivales directos dispuestos a aprovechar cualquier tropiezo. Mientras tanto, Pamplona celebraba efusivamente una victoria histórica contra uno de los equipos más poderosos del campeonato nacional
