La crisis política que desde hace una década sacude a Perú, caracterizada por la inestabilidad en la presidencia y sucesivos cambios de mandatario, parece no dar tregua al país andino. A pesar de que en los meses previos a las próximas elecciones generales se había percibido un aparente alivio, las recientes revelaciones vinculadas al presidente interino José Jerí han reavivado la incertidumbre política y abierto la puerta a una posible destitución que podría concretarse en los próximos días.
José Jerí, un abogado de 39 años que hasta antes de asumir la presidencia interina era poco conocido en el ámbito público, llegó al máximo cargo del Ejecutivo hace apenas cuatro meses. Su ascenso se produjo a raíz de su posición como presidente del Congreso en el momento en que la entonces presidenta Dina Boluarte fue destituida por el Legislativo. Durante sus primeros meses al frente del Gobierno, Jerí logró cierto respaldo popular gracias a su énfasis en combatir la delincuencia, una cuestión crucial para los peruanos dada la persistente inseguridad que afecta a diversas regiones del país. Su perfil inicial parecía ofrecer un respiro dentro del turbulento escenario político nacional.
Sin embargo, esa imagen favorable se ha visto seriamente comprometida por una serie de escándalos que han salido a la luz en las últimas semanas. Las investigaciones fiscales han revelado encuentros poco transparentes entre Jerí y empresarios chinos, destacándose especialmente una reunión en un restaurante propiedad de uno de estos empresarios donde el mandatario acudió encapuchado para evitar ser reconocido. Estas circunstancias motivaron la apertura de una investigación formal por presunto patrocinio ilegal y tráfico de influencias agravado, cargos que afectan gravemente su credibilidad y legitimidad como jefe de Estado.
Paralelamente, otra polémica ha surgido alrededor de contratos estatales otorgados a varias mujeres jóvenes tras mantener reuniones con Jerí en Palacio de Gobierno. Entre estos casos destaca el episodio ocurrido durante la noche de Halloween, cuando una mujer permaneció toda la velada dentro de la sede presidencial y sólo salió al amanecer siguiente. Estos hechos han sido ampliamente difundidos por medios locales y han contribuido a aumentar el descontento social y político contra el mandatario interino.
La acumulación de estas irregularidades llevó a varios grupos parlamentarios a presentar mociones para censurar a José Jerí. Aunque inicialmente estas no podían ser procesadas debido al receso congresal hasta marzo, se logró reunir el número suficiente de firmas –78 congresistas sobre un total de 130– para adelantar su debate y votación. La falta de explicaciones convincentes por parte del presidente interino ante las acusaciones fue decisiva para alcanzar este apoyo. La sesión está programada para llevarse a cabo el martes 17 de febrero y será determinante para definir si Jerí continúa o no en el cargo.
De aprobarse la censura como presidente del Congreso –cargo que ocupa paralelamente–, Jerí quedaría automáticamente inhabilitado para ejercer la Presidencia del país. Esto significaría su salida anticipada del Ejecutivo apenas cinco meses después de haber asumido, lo que profundizaría aún más la fragmentación política peruana.
Este escenario ocurre en un momento particularmente sensible dado que las elecciones generales están convocadas para el domingo 12 de abril, menos de dos meses después del posible cambio presidencial. Varios partidos políticos que inicialmente respaldaron a Jerí ahora buscan distanciarse para evitar verse afectados por su creciente impopularidad ante los electores. Solo el fujimorismo mantiene públicamente su apoyo al actual mandatario interino, argumentando que su permanencia es necesaria para garantizar estabilidad hasta que asuma el nuevo gobernante elegido.
El contexto histórico reciente añade gravedad a esta situación: desde Ollanta Humala (2011-2016), no hay un presidente peruano que haya completado íntegramente su mandato constitucional sin interrupciones. En los diez años transcurridos han desfilado siete presidentes diferentes por Palacio de Gobierno debido a destituciones, renuncias o crisis políticas profundas. De consumarse esta nueva destitución, José Jerí sería el octavo jefe de Estado en este periodo tan convulso, reflejando un patrón preocupante sobre la fragilidad institucional del país.
Además queda abierto un misterio sobre quién asumiría la presidencia interina si Jerí es removido. La mayoría de los actuales congresistas están enfocados en sus campañas electorales para buscar reelección y enfrentan una imagen deteriorada por escándalos internos y falta de confianza ciudadana. Esto complica aún más las perspectivas sobre una transición ordenada y confiable antes del proceso electoral principal.
En definitiva, Perú enfrenta nuevamente un episodio crítico donde las tensiones políticas internas ponen en riesgo no solo la estabilidad gubernamental sino también la percepción ciudadana sobre las instituciones democráticas. El desenlace inmediato dependerá del resultado parlamentario previsto para esta semana pero deja claro que el país continúa atrapado en un ciclo casi interminable de crisis políticas con profundas consecuencias sociales y políticas para su futuro cercano
