El París Saint-Germain aseguró su presencia en los octavos de final de la Liga de Campeones por decimoquinto año consecutivo, una racha que refleja la continuidad del club en la élite europea más que un despliegue brillante sobre el terreno de juego. En esta ocasión, el equipo francés logró avanzar tras un empate que resultó suficiente para mantener vivo el pase gracias a la ventaja obtenida en el partido de ida. Sin embargo, la clasificación no estuvo exenta de dificultades y quedó en evidencia especialmente en los minutos finales del encuentro de vuelta, cuando un hombre menos complicó seriamente el desenlace favorable para los parisinos.

El partido disputado en el Parque de los Príncipes estuvo marcado por la fragilidad mostrada por los vigentes campeones, quienes vieron cómo Teze, jugador del Mónaco con superioridad numérica, igualó el marcador en el minuto 92, generando incertidumbre hasta el último instante. Solo tres minutos después, Faes tuvo una oportunidad clara para anotar y forzar la prórroga, pero su disparo se fue rozando el poste y no pudo evitar que el PSG respirara aliviado. Esta situación puso de manifiesto que, a pesar del favoritismo que suele acompañar a los parisinos, su rendimiento en esta eliminatoria ha estado lejos de ser contundente.

El contexto previo al encuentro había dejado entrever las dificultades que atravesaría el equipo dirigido por Luis Enrique. En el partido de ida se vivió una remontada épica por parte del PSG tras quedar con un jugador menos debido a la expulsión de Golovin a falta de 48 minutos. Sin embargo, en esta segunda cita no mejoraron su imagen frente a un Mónaco que también jugó con diez desde el minuto 58 tras la expulsión de Coulibaly. Fue solo después de esta reducción numérica para los visitantes cuando los parisinos lograron darle la vuelta al resultado adverso que Akliouche había puesto justo antes del descanso.

Marquinhos y Kvaratskhelia fueron los encargados de transformar ese dominio numérico en goles durante la segunda mitad, otorgando una ventaja que parecía definitiva para acceder a la siguiente fase. No obstante, estos hechos evidencian que el equipo francés ha tenido problemas para imponer su juego ante rivales bien organizados y competitivos como el Mónaco, quien con orden táctico y presión intensa complicó sobremanera las opciones del campeón europeo.

Luis Enrique ha intentado transmitir confianza y repetir una vez más que las dificultades actuales son solo un bache temporal dentro de una trayectoria ascendente que ya mostró en temporadas anteriores. No obstante, la realidad indica que todavía falta consolidar esa mejora en juego colectivo y efectividad ofensiva. El conjunto cuenta con múltiples recursos individuales y colectivos, pero será necesario ver cómo responden ante adversarios de mayor nivel para determinar si este periodo irregular responde a circunstancias puntuales o si existen problemas más profundos dentro del equipo.

La ausencia por lesión de jugadores clave como Ousmane Dembélé —ganador del Balón de Oro— y Fabián Ruiz ha mermado significativamente las opciones técnicas y creativas del PSG. A pesar de estas bajas importantes, lo que no se ha perdido es el espíritu competitivo ni la determinación sobre el campo. Este aspecto es uno de los pilares fundamentales inculcados por Luis Enrique desde su llegada al banquillo parisino: una fe inquebrantable que se transmite también desde las gradas hasta cada uno de los futbolistas.

Enfrentarse al Mónaco evidenció tanto las virtudes como las limitaciones actuales del PSG. El conjunto monegasco mostró orden defensivo y solidez física pero careció del empuje necesario para rematar una eliminatoria ante un campeón acostumbrado a superar obstáculos difíciles. Aunque lograron adelantarse en dos ocasiones durante ambos partidos —incluyendo un inicio abrumador en casa con un gol tempranero— no pudieron sostener ese ritmo ni aprovechar sus momentos favorables para cerrar la serie.

El partido fue un reflejo claro del equilibrio entre ambos equipos: mientras Mónaco intentaba imponer su estilo basado en un centro del campo poblado y presión alta con defensa adelantada, PSG respondió con paciencia hasta encontrar espacios aprovechables especialmente tras quedarse con superioridad numérica tras dos tarjetas amarillas mostradas a Coulibaly casi consecutivamente alrededor del minuto 55.

Marquinhos fue quien igualó rápidamente tras aprovechar un error defensivo visitante; acto seguido Kvaratskhelia anotó otro gol decisivo para sentenciar prácticamente la eliminatoria. A partir de ahí, aunque dominó ampliamente el partido localmente, volvió a evidenciar las dificultades para generar ocasiones claras frente a defensas replegadas. El Mónaco perdió intensidad física y mental conforme avanzaban los minutos pero logró mantener vivos sus intentos hasta casi lograr una gesta final frustrada por detalles muy ajustados.

Finalmente, Teze marcó ese gol tardío que impidió al PSG celebrar una tercera victoria consecutiva —una racha ausente desde hace casi dos meses— mientras Faes tuvo una última oportunidad para extender aún más la incertidumbre antes del pitido final.

Este duelo dejó claro tanto por qué París mantiene su estatus continental como por qué está obligado a mejorar si quiere aspirar nuevamente al título sin sufrir apuros innecesarios. La experiencia acumulada durante estos quince años consecutivos clasificándose para octavos es significativa; sin embargo, esta temporada pone sobre aviso acerca del nivel competitivo real alcanzado actualmente por un equipo llamado a brillar más allá del simple resultado favorable.

Con cerca de 47 mil espectadores presentes en el Parque de los Príncipes —un escenario emblemático donde se miden las grandes expectativas— quedó evidenciado que hay trabajo pendiente para recuperar esa brillantez futbolística esperada. El compromiso ahora es claro: mejorar sustancialmente aspectos técnicos y tácticos para enfrentar con garantías futuras rondas donde ya no bastará solo con obtener resultados ajustados sino dominar claramente sobre rivales exigentes si desean volver a reinar en Europa

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