El carnaval en Río de Janeiro se vivió este domingo con una intensidad y colorido que reflejaron no solo la tradición festiva de la ciudad, sino también la creatividad y diversidad de sus participantes. A pesar del sol implacable que azotó durante toda la jornada, cientos de personas se congregaron en las calles y espacios abiertos para celebrar con música, baile y disfraces que desbordaron imaginación y originalidad.
En el emblemático parque Aterro do Flamengo, un espacio que combina áreas verdes con la proximidad al mar y una vista privilegiada del cerro Pão de Açúcar, se desarrollaron múltiples comparsas callejeras que tomaron el protagonismo del carnaval. Bajo la sombra de los árboles, los asistentes encontraron momentos para refrescarse mientras disfrutaban de ritmos brasileños tan característicos como el axe, el funk y la samba. La comparsa Divinas Tretas destacó por su repertorio que mezcló estos géneros autóctonos con clásicos mundiales del rock y el pop, creando una atmósfera festiva que invitaba a todos a sumergirse en la celebración.
La estética de los participantes fue un elemento definitorio del evento. La mayoría optó por combinaciones audaces que fusionaban trajes de baño con medias caladas, acompañados por abundante purpurina y accesorios brillantes que reflejaban la luz solar. Sin embargo, también hubo espacio para disfraces más elaborados y conceptuales. Un grupo representó a la icónica familia Simpson, mientras un participante, cuya complexión le permitió elegir acertadamente su disfraz, encarnó a un gladiador con gran realismo.
Pero fueron los elementos más creativos los que realmente capturaron la atención del público. Entre ellos destacaron figuras inspiradas en relatos bíblicos y mitológicos, como Adanes tentados por serpientes, así como payasos cuyo vestuario combinaba influencias del pierrot francés con referencias a mujeres medievales y símbolos cósmicos. Este último concepto fue obra de una pareja gay formada por João y Daniel, quienes dedicaron tres meses a desarrollar un proyecto artístico que materializó su visión sobre el universo y la fantasía.
Los trajes diseñados por esta pareja destacaban por su paleta en dorado y negro, evocando figuras astrales mediante patrones cuidadosamente elaborados. Inspirados en bañadores masculinos de los años 40, cada atuendo se complementaba con gorros cónicos adornados con tul negro que caía suavemente al estilo de princesas medievales. Las manos cubiertas por guantes también de tul negro completaban una imagen cargada de simbolismo y elegancia dentro del marco festivo.
La celebración no solo reafirmó el espíritu carnavalesco propio de Río de Janeiro sino también evidenció cómo esta festividad sirve como plataforma para expresar diversidad cultural, identidad personal y creatividad artística. La convivencia entre elementos tradicionales y modernos permitió construir un ambiente inclusivo donde cada participante pudo aportar su sello particular a una fiesta comunitaria que une a miles bajo el ritmo contagioso de la música brasileña.
El escenario natural del Aterro do Flamengo aportó además un contexto especial para esta fiesta al aire libre: el contraste entre el verde frondoso bajo el cual los asistentes buscaban refugio momentáneo del calor intenso, junto al azul profundo del océano Atlántico a sus pies, brindó un marco excepcional para disfrutar plenamente esta manifestación cultural.
En definitiva, este carnaval demostró ser mucho más que una simple celebración; se convirtió en un espacio donde convergieron tradición e innovación artística para dar vida a experiencias únicas e inolvidables para todos quienes participaron o presenciaron las comparsas callejeras que hicieron arder Río bajo un sol implacable pero lleno de alegría y color
