El conflicto ambiental que rodea a la Represa de San Jacinto ha adquirido una complejidad creciente en los últimos años, generando preocupación tanto en las autoridades locales como en la comunidad. Desde el Gobierno Municipal de Cercado, se ha denunciado que no solo las cabañas ubicadas a la orilla del embalse son responsables de la contaminación, sino que también existen establecimientos turísticos en comunidades vecinas que vierten aguas servidas directamente en ríos y quebradas que desembocan en la represa, exacerbando el riesgo para este importante cuerpo de agua.
El director de Medio Ambiente del municipio, Boris Fernández, ha señalado que esta problemática no es reciente. Durante varios años se han presentado reportes formales ante las instancias competentes, incluyendo la Dirección de Ingresos municipal y la Secretaría de Medio Ambiente de la Gobernación, alertando sobre diversas irregularidades. Entre estas, se destacan incumplimientos al marco normativo ambiental vigente y deficiencias en los derechos propietarios de las construcciones situadas alrededor del embalse. Estas irregularidades han permitido un incremento progresivo de la contaminación, especialmente vinculada al manejo inadecuado de las aguas residuales generadas por estas cabañas y otros establecimientos turísticos.
Una preocupación central radica en el diseño y ubicación de las cámaras sépticas que utilizan estos espacios turísticos. Muchas están instaladas por debajo del nivel del caudal de agua de la represa, lo que facilita filtraciones directas hacia el cuerpo hídrico. Esta situación representa un peligro latente para la calidad del agua, ya que los desechos pueden ingresar sin un tratamiento adecuado, afectando tanto a los usuarios humanos como al ecosistema acuático. Fernández destacó que aunque las mediciones realizadas anualmente indican que la calidad del agua se mantiene entre categorías A y B, hay una tendencia preocupante al aumento de indicadores contaminantes como los coliformes fecales. Este incremento sostenido pone en riesgo no solo el suministro seguro para consumo humano, sino también el equilibrio ecológico del lugar.
Además, esta problemática supera el ámbito inmediato de las orillas del embalse. En comunidades cercanas existen otros locales turísticos que carecen de sistemas adecuados de alcantarillado o tratamiento sanitario. Como resultado, sus aguas residuales son descargadas directamente en cursos naturales menores —ríos o quebradas— que terminan desembocando en la represa San Jacinto. Ante esta realidad, el municipio ha adoptado una postura activa e insiste en la necesidad urgente de regularizar estas situaciones para evitar daños mayores. Se están promoviendo medidas preventivas entre estos emprendimientos para implementar sistemas adecuados de tratamiento y reducir así las fuentes contaminantes.
Para reforzar su accionar legal y ambiental, el municipio cuenta con una resolución judicial emitida por el Juzgado Agroambiental que ordena el desalojo de aquellas instalaciones turísticas que no cumplen con la normativa vigente. Esta medida busca garantizar el respeto a las regulaciones ambientales y proteger uno de los recursos hídricos más importantes para Tarija y sus habitantes.
En suma, este conflicto pone en evidencia los desafíos vinculados a la gestión sostenible del agua y al equilibrio entre desarrollo turístico y conservación ambiental. La Represa de San Jacinto no solo es un recurso vital para consumo humano y actividades económicas; también constituye un ecosistema frágil cuya integridad depende directamente del manejo responsable por parte tanto del Estado como de los privados. La alerta planteada por las autoridades municipales invita a reflexionar sobre la necesidad urgente de políticas integrales y cumplimiento normativo efectivo para preservar este patrimonio natural frente a amenazas crecientes derivadas del crecimiento desordenado e insuficientemente regulado alrededor del embalse
